Una visión muy particular de la empresa, como un espacio de crecimiento profesional y personal, en los que el camino, y no la meta en sí misma, es el punto de encuentro entre los intereses organizacionales y personales; y el amor en mayúscula, el soporte del compromiso.Cuando algo no funciona, hay que cambiarlo. Está claro que el viejo paradigma de las empresas como entes orientados a la generación de beneficio económico para socios y accionista, no termina de funcionar por cuanto que para conseguir el objetivo se busca el camino más corto, y no siempre este es el más responsable, el más beneficioso, ni desde luego el más inteligente.

Vivimos en un mundo injusto, desequilibrado, y que no termina de ser feliz. La sobrecomunicación que utilizamos a nuestro antojo, y a la que todos estamos expuestos por contra, hace que las voces de la sociedad se entrecrucen, evolucionen y lleguen con rapidez a lugares donde antes era impensable. Las nuevas tecnologías, los blogs y las redes sociales, han dado al pueblo la voz que hasta el momento no tenía: la voz global. Ahora la gente ha encontrado el modo de expresarse libremente, e intercambiar pensamientos, ideas e ilusiones que se baten y refuerzan como las olas, unas a otras, saliendo impulsadas desde la Red hacia quien las quiera escuchar.

La crisis actual ha puesto en evidencia que el bienestar del que gozábamos, claro está en el llamado primer mundo, era un tanto artificial, por no decir, totalmente insostenible. Navegamos en un entorno turbulento, que suelo calificar como de oceánico, en el que en cualquier momento un golpe de mar, o un giro mal dado de timón, lanza por la borda y sin previo aviso nuestros sueños más motivadores. La sociedad en general, el mundo de la empresa, de la política, de la macroeconomía, de la ciencia incluso, son ahora más conscientes que nunca de esta realidad. Está claro que algo hay que cambiar, y si algo hay que cambiar, somos cada uno de nosotros los que debemos cambiar.

La gente no termina de ser feliz precisamente por cuanto, a mi juicio, se centra prioritariamente en alcanzar la felicidad, en lugar de dedicarse a vivir conforme a una causa mayor: un propósito de vida acorde a su propia esencia, que a la postre y sin pretenderlo como un objetivo a alcanzar, estoy convencido que es lo que nos proporciona bienestar y más allá que eso, la ansiada felicidad. En esa, sin lugar a dudas, lícita y dignísima búsqueda eterna, la sociedad, que dicho sea de paso debería mirar algo más hacia sus adentros; pide más responsabilidad a los políticos, a los banqueros, a los empresarios, a sus directivos…, para que al menos, ya que el objetivo vital no se consigue, el temporal que estamos sufriendo, desgraciadamente unos más que otros, amaine cuanto antes. Parece que después de todo, le hemos visto las orejas al lobo, y ahora lo que más importa es volver a lo esencial; trabajo, seguridad, y serenidad por encima de cualquier otra cosa.

Y es que la sociedad; todos y cada uno de nosotros estamos en nuestro derecho, y debemos luchar por ejercerlo, pero todos también tenemos obligaciones. Por ello, ahora más que nunca los entes, y por supuesto las empresas, debemos dar ejemplo respondiendo a esa demanda latente; en un ejercicio de responsabilidad, y desde luego de inteligencia. Si no lo hacemos por los otros, y ni siquiera por nosotros, hagámoslo al menos por nuestros hijos; ellos no se merecen pagar el pato de un mundo que más allá de aprovechar sus propios recursos para el bien común, los destruye a la luz de sus propios ojos justificando cínicamente su incapacidad, para mantener alejados a los malos espíritus del ombligo de su alma, que necesita sentirse en paz para seguir adelante con su masiva e imparable destrucción.

En el mundo de la empresa, hablamos de generar valor hacia todos los círculos de relación, como algo que finalmente parece que hemos entendido que hay que hacer, y estoy completamente de acuerdo, pero todo el mundo se pregunta cómo. Las grandes empresas ponen en marcha la maquinaria de la responsabilidad social corporativa, muchas de ellas incluso a través de sus propias fundaciones; y apuestan firmemente por planes de desarrollo interno, flexibilidad laboral, estrategias de conciliación, actividades de cooperación empresarial, y un sinfín de estrategias bienintencionadas y más o menos acertadas… Bien, sin duda esto es un paso adelante, pero no es todo. Y es que son las pequeñas y medianas empresas quienes conforman la mayor parte del tejido empresarial en el mundo, y por tanto generan el mayor impacto sobre la riqueza y el bienestar de la sociedad. ¿Qué pueden hacer estas entonces, para generar valor a sus clientes, a sus empleados, a sus proveedores, a su zona de influencia y a la sociedad en general?. ¿Qué pueden hacer para mantenerse firmes al timón, en un entorno tan inestable?.

Estoy firmemente convencido de que estamos en lo de siempre: si queremos nuevas respuestas, tendremos que formularnos nuevas preguntas. Si seguimos mirando desde el mismo punto de vista, seguiremos viendo lo mismo; y mientras ello sucede, jamás cambiaremos nada sustancial. Renovar paradigmas es un acto de inteligencia, pero sobre todo es un acto de humildad. Reconocer que nos hemos equivocado, después de todo el esfuerzo canalizado en una misma dirección, requiere de una grave intensidad intelectual, física y emocional que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Hay quien se aferra a los paradigmas caducos, como si de ello dependiera su vida, y es que en el fondo lo que hay es miedo: miedo a huir de lo que se considera razonable, de rechazar lo políticamente correcto, de encontrar alternativas a lo que se supone que debemos hacer. Miedo a mirar hacia adentro, de encontrar lo que no nos gusta y de tener que hacer un esfuerzo para derribar ese muro transparente pero no por ello inexistente que otros han construido a nuestro alrededor, y que limitan nuestra vida a ser vivida en un guión escrito por todos menos por nosotros mismos. En el fondo, pero quizá no tan al fondo, lo que hay es miedo a cambiar.

(continuará…)

8 comentarios

      • Estoy sorprendida por la visión que tiene de la empresa. Yo soy tambien una «mujer de empresa». Llevo trabajando para las organizaciones desde los 20 años (y ya tengo 25 más…) Y creo que no habia leido tanta pasión y optimismo respecto de lo que deberían ser. Ahora mismo atrvieso un momento duro respecto de lo que son las organizaciones para mi,porque en la que actualmente trabajo se hace todo lo contrario de lo que usted menciona. Y no se trata de «las personas», del «equipo».. Es el máximo líder quien lleva las riendas de una forma antigua, irrespetuosa y sobre todo agobiante. Esto genera mucha frustración. No hay manera de estar motivado, comprometido y generar los resultados que queremos. No parace facil cambiar ese paradigma, porque parte de una sola persona. Hay forma de cambiarlo?. Hay solución para esto?. Se puede salvar una organización que en tiempos de crisis crece, tiene un personal joven, dinámico y que quiere hacer las cosas bien, cuando el máximo responsable simplemente quiere beneficios???… Como usted dice, el mundo no es feliz y puede haber muchas razones para no lo sea, pero en el caso esta organización, está a tiro su felicidad, solo que un solo dedo tapa el sol. Gracias por su pasión.

        • Querida Mª Elena. Le agradezco mucho sus preciosas palabras hacia mi visión de la empresa. Respecto al tema que plantea, lamentablemente no es algo excepcional. Son muchas las organizaciones que viven bajo la presión de un alto directivo con gran miopía y poco respeto hacia el que debería ser equipo. Es fundamental para una organización que la visión sea compartida al menos por la gran mayoría de sus miembros pero sin duda por todos y cada uno de sus directivos, que a la postre son los que deben asumir un liderazgo humanista para hacer de su empresa ese Gran Equipo que puede y debe ser. En estos casos, debemos apelar al buen criterio, a la destreza y a la capacidad de comunicación y porque no de persuasión de los directivos de la empresa que sin lugar a dudas están contratados para cambiar lo necesario para que esta sea competitiva, incluido si es necesario la visión pobre y obsoleta del máximo responsable. Son ellos, los líderes que apuestan por hacer de su empresa un auténtico equipo, los que deben asumir con absoluta convicción las riendas del cambio y trabajar para cambiar ese modo de pensar, de sentir y de hacer. En otros casos, somos los profesionales externos a la empresa, quienes con un criterio independiente y alejados de la implicación emocional que existe entre los diferentes miembros de la organización, quienes podemos hacer ese trabajo en muchas ocasiones con mayor efectividad, aunque siempre debe ser una tarea conjunta. Espero haberla inspirado para que usted también haga lo posible por poner su granito de arena en ese cambio que sin duda es tan necesario en su empresa. Al final las cosas cambian si entre todos nos empeñamos en que cambién. Recuerde siempre que nadie puede luchar contra la marea, ni el mismo capitán. Unanse todos entorno a un sueño y luchen por hacerlo realidad. Por lo que dice creo que a pesar de todo está en una empresa por la que merece la pena luchar por el potencial y la calidad humana que reside en ella. Un fuerte abrazo.

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