Las empresas deben convertirse en esos espacios de crecimiento que el sistema no nos proporciona. Pero si la transformación es posible, lo será desde el compromiso personal de cada uno de nosotros. Plantar nuestras semillas de talento, es recordarnos cada día que algo bueno está sucediendo.

Mi particular visión sobre el mundo de las empresas en su relación con las personas que las integran, me lleva a proponer que las primeras deben ser espacios de crecimiento personal y profesional donde el camino y no la meta en sí misma sea el punto de encuentro entre los intereses personales y organizacionales, y el amor en mayúscula, el soporte del compromiso.

Bajo este postulado sostengo pues que el papel principal de los líderes debe ser ayudar a su gente a desarrollarse como personas y como profesionales, desde una vocación de servicio. Ello sin duda requiere de líderes bien preparados, y cuanto menos maduros e inteligentes sobre todo emocionalmente.

Pero ¿qué es crecer?. Tal y como yo lo entiendo, crecer es descubrirnos como seres puros, libres, y con un gran potencial que poner en valor, para desarrollarnos en linea con nuestra propia esencia. Ello requiere liberarse de los prejuicios, de las verdades a medias, de las falsas o cuanto menos interesadas y a veces malintencionadas creencias que nos mantienen atrapados sin siquiera saberlo en una caja que el sistema, que no ayuda sino todo lo contrario, ha fabricado casi especialmente para cada uno de nosotros.

Crecer significa romper con todo ello para tomar contacto con  nuestra propia esencia y descubrir quienes somos realmente, que capacidades tenemos y como y con qué sentido las vamos a poner en valor. Y desde esa pureza interior, derruir esos muros que otros han construido a nuestro alrededor para ser definitivamente libres y empezar a vivir una nueva realidad hasta ahora desconocida para nosotros, pero no por ello inexistente. Una nueva realidad en la que es el ser humano quien construye desde la plena consciencia, desde el  perfecto conocimiento de sí mismo y desde la interpretación profunda de la realidad que le rodea, un nuevo camino personal. Una nueva senda orientada a una causa mayor, que le permitirá desarrollar toda su fortaleza y vivir con plenitud y amor hacia los demás el camino elegido.

Dicho esto, es cuanto menos curioso el significado que hace el sistema a través de las distintas acepciones que nos ofrece el diccionario de la Real Academia Española. Y así, encontramos que “crecer”, viene del latín crescĕre” y se interpreta así:

  1. intr. Dicho de un ser orgánico: Tomar aumento natural. Apl. a pers., se dice principalmente de la estatura.
  2. intr. Dicho de una cosa: Recibir aumento por añadírsele nueva materia. Crecer el río, el montón.
  3. intr. Adquirir aumento. Crecer el tumulto.
  4. intr. En las labores de punto, ir añadiendo puntos regularmente a los que están prendidos en la aguja, para que resulte aumentado su número en la vuelta siguiente. U. m. c. tr.
  5. intr. Dicho de la Luna: Aumentar la parte iluminada del astro visible desde la Tierra.
  6. intr. Dicho del valor de una moneda: aumentar.
  7. tr. ant. aventajar.
  8. prnl. Dicho de una persona: Tomar mayor autoridad, importancia o atrevimiento.

Me centraré en esta última acepción, puesto que la primera en relación a un ser orgánico tiene que ver con lo físico, que para lo que aquí importa no ofrece ningún área de discusión.

Así pues, podemos ver que el sistema interpreta el crecimiento de una persona desde 3 puntos de vista diferentes, independientes o complementarios entre sí:

  1. AUTORIDAD: En función del poder, la potestad, la facultad o la legitimidad que alguien ha llegado a alcanzar, sin concretar la importancia de cómo lo ha conseguido, ni con que fin lo utiliza.
  2. IMPORTANCIA: En función de lo conveniente o interesante que esta persona haya llegado a ser, sin determinar en qué materias o áreas de competencia, ni aclarar el objeto o sujeto para quien es importante.
  3. ATREVIMIENTO: En función del grado de riesgo que alguien ha llegado a asumir, sin determinar con que objeto o fin lo hace.

Si aplicamos estos criterios, podríamos poner como ejemplos de crecimiento personal a cualquier empresario, jefe, cargo público, o gobernante, simplemente porque gozan de cierto poder o en el mejor de los casos de mayor o menor legitimidad. También podríamos incluir como paradigmas de crecimiento a cualquier jefe de banda de maleantes, lógicamente muy importante para el éxito del proyecto; a cualquier banquero sin escrúpulos, en apariencia muy conveniente para los intereses del banco, o a cualquier político corrupto, supuestamente de gran valor para el pueblo que lo ha votado. Del mismo modo, estandarte del crecimiento personal podría ser cualquier ladronzuelo de poca monta venido a más, o cualquier trilero astuto que haya sabido ganarse la clientela, ya que ambos asumen un riesgo creciente.

En fin, es más que evidente que el sistema y yo diferimos en esto del crecimiento.  Así me explico cómo vivimos en un sistema que en lugar de ayudarnos a crecer como personas, se limita a contarnos como es el mundo y que tenemos que hacer para encajar en él. Los diferentes se consideran raros o indecentes; los soñadores, ilusos o vividores; los innovadores, sabelotodos o intrépidos sin fundamento, y los pensadores, rebeldes o engreidos, o las dos cosas a la vez. Y así nos va. Lo importante es crecer como las ovejas, en rebaño. No seas diferente, no imagines, no intentes nada nuevo, y ni siquiera pienses. ¡No te preocupes, todo está inventado!. ¡Ya pensaron otros por ti!. No te salgas de la linea, no cuestiones el pensamiento colectivo, y portate bien. Esas son las normas, si las cumples al menos sobrevivirás. Pero claro, vivir es mucho más que sobrevivir.

Quiero pensar que el sistema es consciente de esta realidad. Que aquellos quienes formalmente influyen o al menos deberían influir directamente en él para transformarlo, están ocupándose de ello. Quiero pensar que simplemente aún no han encontrado el modo de ayudarnos a descubrirnos y a desarrollarnos fundamentalmente como personas, desde bien pequeñitos: de conocer y reconocer nuestros propios talentos, de advertir nuestros propios intereses, de crear nuestras propias necesidades, de dar un sentido profundo a nuestras vidas, o decidir con libertad y sin miedo al qué dirán, cómo queremos vivirla.

¡Cuántas vidas de plenitud  simplemente sobrellevadas!. ¡Cuánta felicidad posible que se torna imposible e inaguantable!. ¡Cuánta desidia y desorden, suplantando a la ilusión y al compromiso!. ¡Cuánta incompetencia injustificada e injustificable que nunca llegó ni llegará a dar los resultados apetecibles y posibles!. ¡Cuántos sueños que sólo se quedaron en eso!.¡Cuánta injusticia social, socialmente insoportable!. ¡Cuánto futuro condicionado por un pasado condicionado!.

El resultado de no atender debidamente el crecimiento de las personas es de tal magnitud que pasa inadvertido para la mayoría. Es como cuando te acostumbras a algo, que ya ni siquiera reparas en ello. Como cuando te dicen que algo es así, y tú te lo crees sin siquiera cuestionarlo.

En mis seminarios y conferencias siempre invito a la reflexión. Simplemente comparto mis pensamientos e ideas con la gente, y luego ya cada cual que decida libremente. A finales del mes de diciembre di una conferencia a un grupo de personas que son y van a ser todavía un más grande equipo. A un equipo que viene demostrando desde hace ya tiempo que está dispuesto a superar sus propias expectativas, y a hacer de su empresa un lugar de crecimiento y una organización todavía mucho más competitiva. Como sostengo que necesitamos descubrir lo que somos capaces de hacer como personas, para siquiera llegar a imaginar lo que somos capaces de hacer como equipo, se me ocurrió incorporar a mi charla un elemento novedoso, y les regalé a todos ellos «semillas de talento». Sí, sí, semillas de talento. Tres o cuatro semillitas por persona.

Les dije que para construir un Gran Equipo se debe ser capaz de asumir por encima de todo un gran compromiso personal: el compromiso de descubrirse a sí mismos, y de desarrollarse en el seno del equipo como personas a la par que como profesionales. Les expliqué que entiendo yo por crecer, y que el mejor entorno de crecimiento es el seno de un auténtico equipo. Pero les advertí que no es tarea fácil. Que crecer es un desafío que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Un reto que no siempre se logra. Que si se quiere crecer hay que cuestionarse muchas cosas y tener la valentía de romper con demasiados moldes, pero que si lo conseguían, todo cambiaría para cada uno de ellos individualmente y para su empresa en términos de conjunto. Les prometí que serían más competentes y felices, y su empresa más competitiva. Y que se sentirían orgullosos del modo en que recorrerían juntos un nuevo camino.

Les conté una historia real de una gran luchadora. Alguien que condenada desde niña al fracaso, se convirtió gracias a otras personas que le hicieron creer en ella misma, en un ser humano feliz y de gran éxito. Por todo ello les invité a reflexionar con profundidad sobre cómo querrían haber vivido su vida cuando estén en el ocaso de esta. Y les dije que se tomaran su tiempo: un mes, dos meses, tres, no importa, pero que en algún momento decidieran libre y conscientemente. La elección de luchar por llegar a ser su mejor yo en una nueva vida de plenitud guiada por ellos mismos, o la de seguir luchando cada día en sus quehaceres habituales, quizá para algunos luchar simplemente por sobrevivir o sobrellevar la vida que le ha tocado vivir.  Sea como sea la lucha está garantizada.

A todos nos queda mucho por hacer en esto del crecimiento, a mí el primero, pero es cierto que cuando tras una profunda e intensa reflexión asumes un compromiso en primera persona, empiezas a ver todo desde un nuevo prisma. Cada día descubres algo nuevo sobre ti mismo y sobre los demás. Eso es pura mágia y el mejor aliciente para continuar. Así que les dije que si tomaban finalmente la decisión de no cambiar, sería bueno que regalaran esas semillas a otra persona. Pero si decidían iniciar el camino de la transformación, buscaran una buena maceta, la mejor tierra y abono que encontraran, y un lugar donde el aire sea fresco, y el sol caliente todas las mañanas. Y así, que plantaran esas semillas y se aseguraran de cuidarlas cada día, del mismo modo que a ellos mismos. Les aseguré que si cuidaban a diario su mente, su cuerpo y su alma al igual que se encargaban debidamente de su planta del talento, el crecimiento de esta les recordaría cada día el suyo propio.

Y es que empresas y personas podemos y debemos crecer juntos. Plantemos nuestras semillas del talento y crezcamos todos con ellas.

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6 comentarios

  1. Son excelentes las publicaciones de Ignacio, nos sirven para la reflexión personal y para compartir con los grupos humanos con quienes tenemos la oportunidad de trabajar, las personas debemos a prender a ser cada día a ser mejores seres humanos y a partir de allí desarrollar nuestras capacidades y habilidades.

    • Hola Estrella. Muchas gracias por seguir y valorar así mis reflexiones. Es muy agradable sentir la energía positiva de gente como tú y saber que en algún modo pensamos y sentimos igual al respecto del verdadero reto del ser humano. Yo lo defino así: «crecer y vivir conforme a nuestra propia esencia», para de este modo ayudar a otros a hacer lo propio. Un fuerte abrazo.

    • Estoy de acuerdo, son muy comprensibles sus estrategias y esperamos que traigan muchos éxitos con la gestión de empresas para el futuro.

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