En un mundo global, complejo, en crisis, y tremendamente competitivo como el actual, se impone un nuevo liderazgo

Con permiso de Hermann Simon, he escogido el título de uno de sus libros, para referirme en este artículo a todos aquellos líderes que van a ser decisivos para la salida y posterior remonte, de esta situación de crisis. Crisis, que además de grandes e inspiradores discursos, requiere de pequeñas y constantes acciones en una misma dirección. Como dice la canción: una gota junto a otra hace oleaje, luego mares y océanos. Es, el liderazgo del día a día.

Como dice Simon, solemos pensar que son las grandes empresas, aquellas que ostentan visiblemente los primeros puestos de cuota de mercado, las grandes ganadoras. Sin embargo, y muy al contrario de este aparente criterio lógico, Simon nos descubre a través de una profunda labor de investigación, que precisamente son pequeñas y medianas empresas a las que denomina líderes en la sombra, quienes de una forma anónima y sistemática llegan a alcanzar cuotas superiores al setenta por cien del mercado mundial.

De esta misma manera, solemos atribuir el mérito de los grandes cambios a los líderes heroicos: aquellos de fácil palabra, y grandes discursos que se dirigen a las masas desde tarimas doradas, iluminados por la luz de los focos.

Es cierto, que en momentos de grandes dificultades, se requiere de grandes figuras capaces de trasmitir ilusión, esperanza y una visión de futuro. Este tipo de líderes generalmente carismáticos, poseen una gran influencia sobre la gente, y son capaces de generar la confianza necesaria para desencadenar el cambio. Sin embargo, esto no es suficiente. El cambio debe ser primero un cambio de paradigma desde una nueva visión, para convertirse después en una acción guiada desde la pasión. Y es en este preciso momento cuando entran en valor los que me permito llamar, líderes en la sombra. Líderes capaces de mover día a día los engranajes del cambio: pequeños y medianos empresarios dispuestos a aprender del pasado para construir un futuro mejor, y más seguro; directivos competentes, que se saben parte de la solución; empleados comprometidos, que luchan por sus empresas, o políticos con valores firmemente orientados hacia la sociedad.

En un mundo global, complejo, en crisis, y tremendamente competitivo como el actual, se impone un nuevo liderazgo. Líderes duales: fuertes, y a la vez sensibles; competitivos, pero íntegros y responsables; tan creativos como realistas; tan innovadores, como prudentes; maestros humildes: aquellos que conocen sus limitaciones y que ven en el aprendizaje no sólo una necesidad, sino también una oportunidad; esos que son tanto guías, como servidores. Los que observan, escuchan y preguntan, más que hablan, o dan respuestas. Aquellos que dicen más con sus hechos que con sus palabras. Aquellos convencidos de poder cambiar el mundo con visión, y con pasión. Aquellos que creen en las personas y en la diversidad: que se centran en sus fortalezas, haciéndoles sacar lo mejor de sí mismos para después crear sinergias. Entusiastas natos, optimistas por naturaleza y por convicción. Tolerantes, pacientes, y buenos comunicadores. Aquellos que infunden energía y confianza a su gente, día tras día; los que trasmiten valores y buenos hábitos. Aquellos que destacan el éxito del equipo, y asumen como propia, la responsabilidad del no éxito. Por que el fracaso no es parte de su vocabulario; sólo es una oportunidad de aprendizaje, un paso más en el camino hacia la meta; una meta donde la responsabilidad social está implícita. Aquellos que ven en el compromiso, la piedra angular de su gestión. Los fascinados por las cosas bien hechas, y orientados hacia la excelencia desde la mejora continua. Los que trasmiten esa necesidad y la confianza para alcanzar un nivel superior. Aquellos capaces de convertir el potencial individual, en competencia colectiva. Aquellos que miran a largo plazo proponiéndose hacer empresa, en lugar de hacer negocio. Estrategas capaces de ordenar el caos para descubrir el mejor camino o crearlo si es necesario. Aquellos que saben que no hay hechos; sólo actitudes con las que los afrontamos. Logradores que reconocen en la perseverancia un valor necesario…

Estos son los líderes que necesitamos; los que nos sacarán de la crisis… los nuevos líderes.

Este post fue publicado en Empresa&Finanzas, el 04 de diciembre de 2009.

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