El análisis del madrileño literato Lope de Vega, ilustra cómo la pasión y el amor en toda su dimensión, son claves para quien aspira a poner en valor todo su talento y a convertirse en un buen líder.

«A mis soledades voy, de mis soledades vengo, porque para andar conmigo, me bastan mis pensamientos». Estas hermosas palabras que pertenecen a un conocido poema de Lope de Vega, reflejan certeramente la profundidad interior de uno de los principales talentos del Siglo de Oro español.

«Lope», la película dirigida por el brasileño Andrucha Waddington, relata la vida de un joven Lope de Vega que se desenvuelve, no sin tropiezos, entre versos, amor y aventuras. La historia se sitúa en el Madrid de la época, cuando el protagonista regresa de la guerra, desorientado, harapiento y sin una sola moneda en la bolsa. Es entonces cuando se las ingenia para hacer de su talento su medio de vida, escribiendo comedia para Jerónimo Velázquez, un empresario teatral quien lejos de entrever sus capacidades le contrata inicialmente como copista de una obra de Cervantes. A partir de aquí la narración se centra en como el que se convertiría en uno de nuestros principales poetas y dramaturgos, se debate entre el amor de Elena de Osorio e Isabel de Urbina.

Sin duda, lo que más destaca del autor de obras como «Fuenteovejuna», «La dama boba», «El caballero de Olmedo» o «El perro del Hortelano», a quien Miguel de Cervantes llamó «Monstruo de la naturaleza», es su pasión. La pasión propia de los grandes talentos, la observamos esta vez magnificada en la persona de Lope, quien vivió, como escribió y amó. Un ser apasionado que descubrió pronto su talento se dice que a los cinco años, y que luchó convencidamente para ponerlo en valor.

Lope nos enseña que valores como la confianza en uno mismo, el inconformismo, la orientación al logro, la excelencia, la innovación, la amplitud de mente y la claridad de ideas son necesarios para afrontar con éxito las dificultades. Precisamente valores que desde el siglo XVI, cuando sucede la vida del poeta y dramaturgo, viajan hasta nuestra época para ser aplicados por los directivos en el Management del siglo XXI. Conviene pues recordarlos, ahora que nos encontramos en un periodo de profundos cambios y que el liderazgo va a tener un papel más preponderante que nunca, por cuanto que de la mirada interior que la inmensa mayoría de la comunidad directiva está realizando responsablemente como consecuencia de ello, depende el futuro de nuestras empresas y también de nuestra sociedad.

También es esta una historia de amor. Lope de Vega, como ser apasionado que era amaba con mayúscula; amaba a su familia, a sus amigos, a sus mujeres…, pero también amaba la escritura, la aventura, y la vida; todo ello tanto como a sí mismo. Así pues, si de amor va la historia, y en relación al necesario humanismo en las empresas y organizaciones, conviene incorporar al lenguaje del liderazgo esta bella palabra en su más amplio sentido.

Tal y como nos recuerda James C. Hunter en «La paradoja», amar no sólo es la consecuencia del amor como sentimiento intenso de afecto y apego, sino también una actitud que podemos elegir ante otros, y porqué no, ante la vida misma. Una visión amplia del amor, nos conduce entonces a asumir que la actitud de amar trasciende al propio sentimiento; es el amor como ágape –del griego agápē-. Porque amar es también darse a los demás desde una vocación de servicio: motivar, ayudar a otros a descubrirse a sí mismos, a reconocer sus capacidades y a ponerlas en valor. Amar significa: respetar, valorar, no prejuzgar, reconocer el esfuerzo, perdonar los errores, ser paciente e indulgente, y apreciar a la gente tal y como es. Ama quien es humilde, bondadoso, generoso, honrado, coherente, consecuente, digno de confianza, y un ejemplo para los demás. Y quien es positivo, entusiasta, atento y comprometido, sin duda demuestra amar. Pedir esfuerzo, disciplina y responsabilidad, es también un modo de amar. Pero si de amar se trata, sólo puede amar quien a sí mismo se ama, porque descubrirse, reconocerse, proyectarse, respetarse, valorarse, perdonarse, cuidarse, confiar y comprometerse con uno mismo, animarse, esforzarse, disciplinarse, responsabilizarse y quererse, es necesario para amar. Como dijo el mismo Lope de Vega: «esto es amor, quien lo probó lo sabe». Así pues, ¡pasión y amor en empresas y organizaciones!.

*Este post fué publicado en el diario El Levante EMV (´trabajo y formación´) el pasado 12-09-2010. Ver artículo: La pasión de Lope – Levante EMV – 13-09-10

4 comentarios

  1. La alegría que se tiene cuando arranca un proyecto nuevo es comparable a cuando te acercabas por primera vez a tu novia para obtener un beso y, cuando lo conseguías eras el mas feliz de la tierra.

    Ignacio, ya has arrancado y tu idea me gusta y esparo que todos podamos enriquecernos compartiendo ideas.

    Como botón de muestra he de decir que he aplicado los conocimientos del ultimo curso que hicisteis en el IVAFE y !oh! Sorpresa, funciona a las mil maravillas.
    Saludos
    Francisco Aznar

    • ¡Que alegría Francisco!. Me alegra mucho saber de tí y que estes aplicando los conocimientos del seminario. Recuerda que siempre digo que el verdadero valor de un seminario es poner en práctica lo aprendido, y tu lo estas haciendo. Un fuerte abrazo y seguimos en línea.

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