Desde que nacemos, vivimos encerrados sin siquiera saberlo, en una caja de cristal que nos separa de la inmensidad de una realidad sin límites. Tomar conciencia de esta situación, es el primer paso para empezar a ser libres. Renacer, trazar un nuevo camino, construir nuestra fortaleza personal, y vivir conforme a nuestra propia esencia, está en nuestras propias manos.

Revivo conscientemente y de cuando en cuando, el nacimiento de mis dos hijas. Tomar conciencia de cada minúsculo detalle de aquellos indescriptibles momentos, es un modo de mantener siempre frescas en mi memoria, aquellas imágenes y emociones únicas que jamás volveré a experimentar, y de las que nunca quisiera olvidarme. Pese a que hace ya dieciséis años, recuerdo perfectamente cuando contemplé, entre lágrimas de felicidad, a mi hija mayor recién nacida. Desde el cristal de aquella pequeña incubadora en la que permaneció unos minutos, su cara rosada, sus movimientos de manos aún torpes, y sus grandes y espabilados ojos, evocaron en mi la ternura que desprende quien parece llegar al mundo diciendo: ¡ya estoy aquí!. Algo que también sentí, cuando me dieron en brazos a mi preciosa hija pequeña. Los niños cuando nacen son criaturitas en esencia; puras, libres y con un gran potencial. Alguna vez he pensado que si en aquel momento hubieran podido hablarme, quizá me hubieran dicho: «papá, ayúdame a descubrir todo lo que puedo llegar a ser en este mundo», a lo que yo les hubiera contestado: «hija, las posibilidades son infinitas, tantas como seas capaz de llegar a imaginar; sólo tienes que creer en ti misma», algo que obviamente les he intentado trasmitir años después.

Sin embargo, lo cierto es que la realidad no ayuda mucho a ello. En algunos de mis seminarios, suelo expresar que vivimos encerrados tras lo muros de una especie de caja de cristal; algo parecido a una incubadora, en la que la sociedad, quizá desde su afán conservacionista, nos introduce sistemáticamente al nacer. Lo realmente demoledor de este aparentemente protector artefacto, es precisamente su transparencia; por cuanto que es esta característica la que nos impide ser conscientes de su presencia altamente limitadora. Una caja, cuyas paredes se han construido a base de creencias sociales, de prejuicios bien y malintencionados, de verdades a medias, de lógicas aplastantes e interesadas; de razonamientos en definitiva, basados en la experiencia condicionante del pasado, y en el mal llamado sentido común…

Es el mundo, inconsciente de las posibilidades infinitas de vivir en él, desconocedor del extraordinario potencial del ser humano, e incapaz de aprovechar en beneficio de todos sus preciados recursos, quien termina por hacerse cargo de nuestras vidas, diciéndonos qué, cuando y cómo debemos hacer, y quien podemos y no podemos llegar a ser. Es este mundo que se me antoja todavía en pañales, quien nos hace creer que los niños altos o las niñas guapas, tienen más ventajas competitivas; que se nace talentoso, inteligente, o líder, y que eso es un don divino que no se puede cambiar; que el éxito está reservado para determinadas personas «especiales» por supuesto; o que la felicidad consiste en tener cosas materiales, o en su defecto en conformarse con lo que se tiene. Frases como «nada puedo hacer», «no creo que yo sea capaz», «que suerte tienen algunos», «si lo ha conseguido, por algo será», o la manida «bueno, pero tampoco estoy tan mal así», resumen el conformismo social, y el escepticismo hacia el éxito de otros, en parte entendible por cuanto que ha sido conseguido desde una dimensión desconocida para muchos. Demasiada gente vive prisionera sin saberlo, en una realidad disfrazada de la única posible.

Creemos que somos libres, pero no lo somos. La realidad en la que vivimos, es la realidad de la incubadora: un espacio controlado, con una luz calida y una temperatura más o menos confortable, donde tenemos, excepto los más desdichados, más o menos todo lo que aparentemente necesitamos para vivir, pero simplemente sobrevivimos. Una realidad en miniatura, sin demasiadas pretensiones, donde no tiene demasiado sentido esforzarse para descubrir quienes somos realmente ni quienes podemos llegar a ser, porque «el sistema es el que es, y yo soy el que soy y nada más puedo hacer».

Pero no debemos culpar a nadie, puesto que es complicado ser consciente de ello. La transparencia y sutileza de la caja que nos mantiene atrapados, es tal, que ningún ser humano la ha visto jamás, ni siquiera los que han logrado salir de ella; puesto que lo han conseguido, no por verla, sino por creer en su existencia, y en la de otra realidad a su alcance. No debemos dejarnos atrapar por el engaño; lo que realmente ocurre es que sus paredes de cristal, reflejan nuestra propia realidad, haciéndonos creer que esta se extiende hasta el infinito. Lo que vemos cuando miramos a lo lejos, no es más que un reflejo de lo que ya estamos viviendo. Si vivimos en un desierto o en una noche oscura, sólo veremos eso mismo hasta donde nos alcance la vista, y entonces nada cambiará. Es todo un efecto óptico, un juego de luces, una ilusión…

Pero todos podemos hacerlo; romper la caja y salir de ella está a nuestro alcance, puesto que sus muros son de cristal. Su poder está en el fenómeno de la ilusión, no en el material, tamaño o grosor de sus paredes. Si queremos ser libres de verdad, si queremos llegar a ser todo lo que podemos llegar a ser, sólo tenemos que sentirnos tan puros, tan libres y tan capaces como cuando llegamos a este mundo. Imaginar el día de nuestro nacimiento, es un recurso poderoso porque nos invita a reconstruir nuestra vida desde la consciencia y la libertad; hablo de un auténtico renacer.

Si no lo has hecho ya, desde mi experiencia personal y con la mayor humildad, te invito a que contactes con tu propia esencia. Ello te ayudará a revisar tus paradigmas, valores, creencias, prejuicios y actitudes. Destruye inmediatamente los que no procedan de ti mismo, de tu propia reflexión profunda, de tu propio sentido común, y refuerza los que te ayuden a creer más en ti y en los demás. Descubre tu otro yo, abriendo la puerta a tu inconsciente y haciendo de él tu aliado y mejor amigo; verás como las oportunidades empiezan a surgir a cada momento. Tus nuevos pensamientos serán mucho más poderosos, por tanto reeduca tu corazón desde tu mente, así llegarás a sentir como piensas, en lugar de pensar como sientes; controlarás positivamente tus emociones. Toma conciencia de lo que mejor sabes hacer, que es casi siempre lo que más te gusta hacer; prueba y experimenta continuamente, e irás descubriendo tus capacidades más ocultas. Oriéntate a construir sobre ellas tu fortaleza personal. Permítete por unos instantes ser el rey del mundo, y sueña sin tapujos cómo quisieras que fuera tu vida, y quien quisieras llegar a ser en ella. Incluye en ese sueño la actitud de amar, como dar y darse a los demás. Obsérvate en el ocaso de tu vida, respira profundamente y siente como te gustaría sentir cuando algún día llegue ese momento; echa la vista atrás y piensa en lo que te gustaría ver. Traza un nuevo camino personal, en sintonía con tu propia esencia; encuentra esa causa mayor que guíe todas tus decisiones importantes. La parcela profesional tiene que integrarse perfectamente en ese nuevo trazado, así que si no puedes hacer de tu pasión, tu trabajo; haz de tu trabajo tu pasión, esto sí depende directamente de ti. Recuerda que no son lo hechos, sino las actitudes con las que los afrontamos. Esfuérzate y ten paciencia, no te lleves a engaño; soñar en grande requiere siempre de actitudes grandes; tomar cada día conciencia de tus pequeños logros, te ayudará a perseverar. Observa la vida desde los ojos de un niño; siempre hay tiempo y cosas por descubrir. No eleves las dificultades a la categoría de problemas. Aprende a cada momento y con los cinco sentidos, vive y disfruta del camino, sé tu mismo, y por favor… no busques la felicidad, ella te encontrará a ti.

23 Comentarios

    • Así es Constanza María. No podemos cambiar hechos pero sí nuestras actitudes hacia ellos. Podemos ser conformistas con nuestra vida, pensando en que nada podemos hacer porque nada está en nuestras manos, o luchar por conseguir vivir la vida que deseamos. Lamentablemente, no todo el mundo estamos en igualdad de condiciones, pienso en el llamado tercer mundo, por eso me revelo cuando la gente dice no tener oportunidades. En fin, muchas gracias a tí, Constanza María, te deseo lo mejor.

  1. espectacular el articulo gracias, entender que seguimos siendo responsables de nuestro destino me parece lo mas importante y tu das las herramientas para lograr romper esa caja.

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