La «integración» encaminada a la felicidad vital a través del equilibrio interior, como alternativa a la «conciliación», orientada a la satisfacción a través del equilibrio entre la vida personal y laboral.¿Es posible ser feliz en el trabajo?. ¿Se puede ser infeliz en lo laboral, y feliz en lo personal?. La experiencia demuestra que las personas felices son más productivas y contribuyen a hacer más felices y productivos a los demás. Recordaré el happysifting; esa corriente que cada vez gana más adeptos, que defiende que se puede ser feliz en el trabajo, y que las organizaciones felices, son más competitivas. Hasta aquí, estoy completamente de acuerdo.

Parece que los escandinavos están muy adelantados en esto de la felicidad laboral. En danés la impronunciable palabra «arbejdsglæd», significa literalmente «trabajo felicidad». Este es un concepto muy enraizado, que tanto organizaciones como profesionales asumen de forma natural como parte de su cultura. En la cultura europea sin embargo, el término más aproximado es la satisfacción laboral, aunque una gran brecha dista estos dos conceptos; sin duda es mucho más profundo y motivador pensar en términos de felicidad que de satisfacción. Ahora que las organizaciones nos afanamos más que nunca en encontrar elementos de valor que nos distingan como mejores empleadoras, y faciliten el compromiso de nuestra gente, podríamos entender la felicidad como el más poderoso de todos ellos, y orientarnos a esta compleja pero apasionante tarea. No en vano si algo mueve al hombre desde sus orígenes, es su eterna búsqueda.

Cabría preguntarse entonces cómo contribuir desde la empresa a algo para algunos tan utópico, como para otros tan posible, y en este sentido no me convencen totalmente las propuestas de valor con las que estamos trabajando: reputación, clima, políticas de contratación, salariales y de desarrollo, conciliación… encaminadas a la motivación, pero no a la felicidad. Sin duda con todo ello contribuiremos durante un tiempo a la mayor satisfacción laboral de nuestra gente, justamente hasta que nuestras propuestas de valor ya no sean percibidas como tales; simplemente por el natural proceder del hombre, o porque dejen de ser diferenciadoras y atractivas, por ser en un momento dado la tónica general.

Este postulado, si se quiere desde un punto de vista estratégico refuerza notablemente la idea de contribuir a la felicidad de nuestra gente, a lo que habría que añadir el trasfondo humanista del mismo. Con el «por qué» despejado, trataremos entonces de encontrar el «cómo». Y así propongo pensar en la integración, como algo más poderoso que la conciliación. Como seres humanos, tenemos una única vida, que tiene eso sí, múltiples facetas. Pero en términos de felicidad a mi juicio no es posible distinguir entre ellas; la felicidad es la felicidad. Creo firmemente que, al igual que en sentido contrario, no se puede ser plenamente feliz en la vida sin cuanto menos disfrutar también con plenitud de tu trabajo, sea este cual sea y con las dificultades que entrañe. Todo ello, claro está, según yo entiendo la felicidad. Para mí tiene que ver con un equilibrio interior al que se llega tras darle pleno sentido a tu vida. Vivir es algo más que simplemente vivir. Encontrar nuestro camino tras tomar contacto con nuestra propia esencia, y construir nuestra fortaleza personal a partir de nuestro potencial y de determinadas actitudes, es mucho más poderoso y motivador que cualquier otro elemento de valor. La felicidad tiene que ver más con una actitud que con un sentimiento. Si queremos ser plenamente felices, debemos procurar ser felices en el trabajo; y esto pasa por integrarlo en nuestra vida, dándole pleno sentido. El trabajo puede y debe darnos mucho más que una nómina a final de mes. Trabajar es algo más que simplemente trabajar. Es triste que uno de los elementos más «motivadores» para «comprometerse» —apalancarse diría más bien― en una organización sea la indemnización por despido. Nuestro puesto de trabajo, con independencia de las responsabilidades y tareas asociadas, nos ofrece numerosas oportunidades cada día para crecer en lo profesional y también en lo personal; sin duda lo segundo facilita lo primero. Y este enriquecimiento interior depende únicamente de los valores y actitudes que pongamos en ello. Como organizaciones, podemos desarrollar una dirección humanista con un liderazgo capaz de construir su propia fortaleza personal, para después ayudar a los demás a hacer lo propio desde una genuina vocación de servicio. Como personas podemos reflexionar si transitamos el camino acertado, y si estamos dispuestos a hacernos cargo de nuestra propia felicidad. No debemos dejar que el sistema o determinadas conductas generales, o creencias, o peor aún, falsas creencias, dirijan nuestra vida; en todo momento y a cualquier edad podemos cambiar. Si cambiamos nuestras actitudes hacia los hechos, cambiamos los hechos. Por ello tratemos de integrar como algo más que conciliar; seremos más felices y productivos, y nuestras empresas serán más competitivas, porque integrar significa vivir una única y plena vida, y esto sin duda es bueno para todos.

En cualquier caso, con esto de la felicidad habrá que recordar en última instancia las palabras de Jack Stack, alto directivo de The Great Game Business: «ellos han de desearlo, porque si no quieren no van a serlo».

Este post ha sido publicado en el diario El Levante EMV (trabajo y formación) el pasado 18-07-2010. Ver: Integración vs. conciliación

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