Japón está dando grandes muestras de una firme educación en valores: la perseverancia es uno de los más establecidos. El resto del mundo deberíamos aprender.

Hoy he leído en El País un artículo de Andres S. Braun sobre Japón. Hace referencia a que los gobernantes, los que se supone que deben liderar, no están sabiendo estar a la altura y a falta de liderazgo es el pueblo japonés el que fiel a su espíritu y a sus valores tradicionales está cogiendo las riendas del asunto. Apunta Braun que Gambarimasu es uno de los verbos más utilizados por los japoneses y que viene a significar algo así como ¡persevera!, ¡da lo mejor de ti!. No obstante parece ser que el significado de esta palabra trasciende esas acepciones para representar al espíritu de la sociedad japonesa, puesto en valor ahora más que nunca.

Esto es lo bueno de la educación en valores, nos prepara para la vida: valores que cobran más fuerza que nunca, justo cuando más falta hacen. Los valores son pautas o principios que regulan las actitudes y relaciones entre las personas. Se suelen trasmitir por educación, pero lo importante es que uno los haga suyos en su caso, a través su propia experiencia y reflexión. Los valores se deben cultivar conscientemente y sobre todo se deben respetar en uno mismo y para con los demás. Y es que cuando nacen desde lo más profundo de nuestro ser, son los garantes de una actitud apropiada ante cualquier situación. No fallan.

Además los valores dan lugar a los buenos hábitos, que son modos recurrentes de proceder originados por tendencias naturales, pero también adquiridos a través de la repetición constante y consciente de actos iguales o similares. Cultivar buenos hábitos sustentados por valores profundos es un gran signo de inteligencia.

Pero siguiendo con Japón, volveré al Gambarimasu, es decir a la perseverancia. Perseverar es continuar donde la mayoría arrojaría la toalla; es sobreponerse a situaciones límite para conseguir una causa mayor. Perseverar implica claridad mental, autoestima, confianza, disciplina, esfuerzo, orientación al logro… La perseverancia es un valor de los que más admiro en las personas porque recoge por sí mismo una gran cantidad de valores que considero de primer órden. Las personas perseverantes son personas persistentes, resistentes y resilientes. Personas que apuestan por la ilusión y el esfuerzo como modus vivendi. Personas que no están dispuestas a vivir esperando que un golpe de suelte les arregle sus vidas. Personas que quieren lograr algo grande, importante, profundo o consistente a través de sus propias manos, de sus propias mentes y de sus propios corazones. Perseverar es mantenerse constante hacia tu destino, superando las dificultades y aprendiendo de ellas. Perseverar es entender que no hay camino fácil y aún así saber disfrutar de su belleza y aprovechar las oportunidades que están en él, puesto que al actuar de este modo se hacen más visibles. El perseverante sabe que tiene mucho que dar y lo dá sin más: sin medias tintas, sin quejas, sin lamentaciones…

Por otra parte, la perseverancia no tiene que ver con la cabezonería ni con la obstinación. La terquedad es más propia de quien no escucha o no atiende a razones, que de quien sabe que la escucha activa, el diálogo y la empatía son necesarias para continuar en el camino, incluso para corregir su norte, algo que el perseverante tiene muy claro y sabe aprovechar a su favor. El terco o cabezón, no posee la base de reflexión, trabajo, esfuerzo y disciplina que es propia del perseverante, sino que consigue las cosas más por cansancio de los demás, que con la ayuda de estos. Sin embargo estos logros, precisamente por haberse conseguido de este modo, se sustentan sobre una base frágil sobre la que el obstinado no puede seguir construyendo, no siendo así en el caso que nos ocupa.

Al hilo de lo anteriormente expuesto, recuerdo que siempre me refiero a la gran crisis mundial como la gran crisis de valores. Una crisis reflejo de un sistema que no funciona, que hace aguas por todas partes por cuanto no nos ayuda a crecer como personas. Estoy firmemente convencido que el pueblo japones va a dar grandes lecciones al resto del mundo sobre dignidad, integridad y legitimidad como ya lo está haciendo, y sobre lo que es capaz de hacer por un país una sociedad educada y sustentada en valores tradicionales que lamentablemente están desapareciendo con el mal llamado “estado de bienestar”. Una situación que parece habernos hecho olvidar que todo lo que disfrutamos hoy, es fruto del esfuerzo y del trabajo de generaciones anteriores.

En fin, sobre todo espero, deseo y confío en que el pueblo japones se recuperará prontamente de sus heridas. Que esas brechas que ahora se abren profundas sobre la faz de la tierra, cicatricen tan pronto como las de sus corazones. Y que esa agua que tanto daño ha hecho desaparezca tan pronto como las lágrimas de sus mejillas. Cierro igual que Braun: «¡ganbaru Nihon!». ¡Persevera Japón!. ¡Saca lo mejor de ti!.

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5 Comentarios

  1. Gambarimasu! Qué dificil parece resultarle a algunas personas entender su significado, (especialmente en el ámbito laboral). En Japón, se dice, se siente y se practica en todos los ámbitos de la vida. Desafortunadamente, me he encontrado con muy pocas personas con las cuales me he podido sentir identificada y realmente llevar a término el sentido más puro y literal de lo que ésta palabra significa para los Japoneses. Yo que he tenido la gran suerte, no solamente de visitar Japón, sino de a mi vuelta perseguir «una oportunidad», «la oportunidad» de trabajar con ellos durante casi cinco años y estoy de acuerdo en que nos están dando una lección, pero solamente a aquellos, a aquellas empresas que quieran, hay que querer, pero querer desde el análisis más honesto de nuestros principios, valores, desde el compromiso y la integridad y mientras eso no ocurra, mientras esperemos y no hagamos, mientras nos resistamos al cambio y no aprovechemos el momento, «la oportunidad», seguiremos ciegos, ajenos a lo que pasa en el mundo y ajenos a lo que pasa en Japón.
    Yo os animo, vale la pena: «ganbatte kudasai»

  2. Gambarimasu! Qué dificil parece resultarle a algunas personas entender su significado, (especialmente en el ámbito laboral). En Japón, se dice, se siente y se practica en todos los ámbitos de la vida. Desafortunadamente, me he encontrado con muy pocas personas con las cuales me he podido sentir identificada y realmente llevar a término el sentido más puro y literal de lo que ésta palabra significa para los Japoneses. Yo que he tenido la gran suerte, no solamente de visitar Japón, sino de a mi vuelta perseguir ,»una oportunidad», «la oportunidad», de trabajar con ellos durante casi cinco años y estoy de acuerdo contigo en que nos están dando una lección, pero solamente a aquellos que queramos, a aquellas empresas que quieran y se dejen, hay que querer, pero querer desde el análisis más honesto de nuestros principios, valores,,, desde el compromiso y la integridad y mientras eso no ocurra, mientras esperemos y no hagamos, mientras nos resistamos al cambio y no aprovechemos el momento, «la oportunidad», seguiremos ciegos, ajenos a lo que pasa en el mundo y ajenos a lo que pasa en Japón.
    Yo os animo, vale la pena: «ganbatte kudasai»

    • Que razón tienes Gemma. Las lecciones como las oportunidades son para quienes están predispuestos a verlas. Pero de nada sirven si no se reflexiona profundamente sobre ellas, si no se interiorizan y se convierten en un pensamiento claro que nos lleve a la acción. Perseverancia, esfuerzo, disciplina, confianza y paciencia, son valores tradicionales que los japoneses tienen muy establecidos y que nuestra sociedad está perdiendo. Como tu dices el ámbito laboral es una buena muestra de ello. Siempre digo que la crisis mundial es una crisis de valores. Confío en que todos reflexionemos y aprendamos del pasado para construir un futuro mejor.

      • Hola Ignacio, estoy totalmente de acuerdo contigo. Los japoneses nos han demostrado que esos valores que siempre se les atribuye, son reales, están ahí.

        Pero también debo añadir un valor más si me lo permites, se trata de «CIVISMO». Así, en mayúsculas, porque en situaciones extremas como las que están viviendo, donde hasta cabría entender su ausencia, resulta que no, que siguen manteniendo sus formas, sus valores, su filosoía de vida, en su vital y largo día a día.

        Tenemos ante nosotros un ejemplo tan auténtico y real que hasta me resulta»envidiable».

        Los japonenes nos han regalado una gran lección de civismo, y con ella, todo un master en educación, modestía, tolerancia, comprensión y valentía.

        Animo y muchas gracias!!

        • Hola Isabel. Muy de acuerdo con tu observación. Es cierto que el comportamiento de esta gente es envidiable. Los japoneses tienen interiorizado un sentido muy profundo de respeto hacia la comunidad y han sido educados para controlar sus emociones en beneficio del grupo. Tendríamos que aprender de ellos y las cosas nos irían mucho mejor, pero nuestro sistema educativo hace muchas aguas en este sentido y nuestra cultura nos orienta hacia un individualismo exacerbado, así que tendremos que reflexionar sobre estas cosas y cada uno de nosotros ir poniendo nuestro granito de arena para que las generaciones futuras (nuestros hijos) puedan gozar de nuevos valores. Un abrazo y muchas gracias por seguirme.

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