Llegadas estas fechas en las que todos nos planteamos nuevos propósitos para el año venidero, me viene a la mente el título del famoso y recomendable libro de Viktor Frankl, “El hombre en busca del sentido”.

En él, este psiquiatra austriaco detalla sus terribles experiencias como prisionero en varios campos de concentración, desde el análisis profundo de los factores que determinan la supervivencia humana en las circunstancias más adversas. “No hay nada en el mundo capaz de ayudarnos a sobrevivir, aun en las peores condiciones, como el hecho de saber que estas tienen un sentido”. También Nietzsche se refería a los porqués, como necesarios para entender y gestionar adecuadamente lo que nos pasa.

¿Cuál es el sentido de lo que nos ocurre? ¿Qué sentido tiene atravesar desiertos o noches oscuras? ¿Cuál es esa causa mayor que determina el sentido de nuestra existencia? Estas y otras preguntas deberían tener respuestas en todo ser humano y en toda organización, pues en ellas reside el origen de nuevas motivaciones, la comprensión y aceptación de incipientes soluciones, así como despliegue del talento y la energía necesaria para implementarlas.

Creo que uno de los grandes males de la humanidad es el vacío existencial. Un mal no catalogado del cual no tomamos conciencia porque ni siquiera sabemos de su existencia. Un mal del que se encuentran aquejadas numerosas personas y también organizaciones a lo largo y ancho del planeta. Un mal que hace levantarse cada mañana al que lo padece, desde la resignación y la indiferencia en lugar de hacerlo desde la ilusión y el compromiso. Un diagnóstico certero pese a no haber sido realizado, que hace que numerosas empresas naveguen frustradas a la deriva sin más objetivo que esperar a que el temporal amaine. Una afección vital que convierte en náufragos o en prisioneros de la vida a quienes se encuentran afectados por ella.

Suelo resaltar muy a menudo que no son los hechos, sino las actitudes con los que los afrontamos lo que nos diferencian a los unos de los otros, también organizacionalmente hablando. No sé si todo lo que nos ocurre tiene un sentido, pero sí sé que en nuestras manos está encontrarlo o cuanto menos dárselo a nuestras circunstancias, eso sí está depende de nosotros mismos.

Me viene a la mente la historia de un anciano chino, si no recuerdo mal narrada en el libro “La buena suerte” de mi admirado Álex Rovira. El humilde labrador disponía de un solo caballo que le ayudaba en las tareas de la madre tierra, pero un golpe de aire abrió la puerta de la cerca y escapó hacia la montaña. Al enterarse de esto, vecinos de todo el pueblo acudieron condoliéndose por su mala suerte, pero sorprendentemente el hombre les dijo: “buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”. Días después el caballo regresó desde las montañas trayendo consigo a una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos al enterarse acudieron de nuevo a felicitar por su buena suerte al que ya empezaban a considerar como un anciano un poco loco. De nuevo este les contestó: “buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”. Más tarde cuando el hijo del labrador intentó domar a uno de los caballos, este cayó y se rompió la pierna. De nuevo el viejo repitió la misma frase a sus vecinos que una vez más acudieron a mostrarle todo su apoyo por la desgracia. Sin embargo días más tarde, el ejército que iba casa por casa reclutando a los más jóvenes para marchar a la guerra, al ver al joven con la pierna destrozada lo dejaron tranquilo.

A veces no encontramos el sentido a lo que nos ocurre o no somos capaces de dárselo lo que nos hace preocuparnos en exceso poniéndonos siempre en lo peor, lo cual nos lleva inevitablemente a decidir y actuar equivocadamente o en otros casos al bloqueo y a la desesperación. En estas situaciones es muy poderoso pensar que las dificultades nos preparan para alcanzar propósitos superiores que pese a que en ese instante nos cueste creerlo, se abrirán ante nosotros más adelante. Debemos entender y aprender a gestionar la vida como una dualidad permanente, como un continuum de ciclos de aprendizaje a base de ensayo y error, o de dificultades y superaciones. Como una cordillera inmensa de picos y de valles por la que debemos transitar cada día sabiendo a ciencia cierta hacia dónde nos dirigimos o con qué sentido caminamos, tropezamos, caemos y nos levantamos, pues sólo así seremos capaces de comprender la naturaleza de nuestras circunstancias, lo que nos ayudará a gestionarlas adecuadamente para alcanzar y disfrutar de nuestros pequeños o grandes sueños.

Si usted no encuentra la respuesta a la pregunta: ¿cuál es el sentido de su vida?, entonces pregúntese que espera la vida de usted. Pregunte a la gente que tiene a su alrededor, a sus seres queridos, a quienes de una o de otra manera dependen de usted. Si su organización no es capaz de encontrar un sentido profundo a su existencia, entonces pregúntese que esperan los demás de ella. Pregunte a los profesionales que la forman, pregunte a sus proveedores, a sus clientes…. Si no encuentra otro modo, pregunte y hallará.

Como organizaciones y como personas, de un modo u otro, necesitamos encontrar el sentido de lo que somos, esto es, de lo que pensamos, de lo que sentimos y de lo que hacemos en relación a nuestras circunstancias vitales y profesionales. Pues sólo cuando nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones se dirigen hacia algo concreto, libre y conscientemente elegido o aceptado por nosotros, somos capaces de ilusionarnos y de esperanzarnos aun en las peores condiciones, y es entonces cuando ponemos en valor todo nuestro talento, ese que ni siquiera aún sabemos que tenemos.

Feliz 2012, cargado de pleno y profundo sentido para todos.

1 comentario

  1. Totalmente de acuerdo…es maravilloso leer estas palabras y además cargadas de sentido….parece increible ver como unas palabras pueden cambiar nuestras vidas…..es perfecto….

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