En un mundo altamente dinámico, el concepto del cambio parece tomar más sentido que nunca, pero ¿cuál es el auténtico sentido del cambio? ¿Por qué cambiar?. ¿Cuál es el nuevo rol de los líderes?. ¿Cuál es la consecuencia de cambiar?. ¿Y de no hacerlo?. Ignacio Bernabé nos acerca a la realidad del cambio invitándonos a la superación personal desde su más amplio sentido.

 

La relevancia del sentido

En un mundo altamente dinámico, el concepto del cambio parece tomar más sentido que nunca, pero ¿cuál es el auténtico sentido del cambio?. Las preguntas se acumulan: ¿Por qué cambiar? ¿Por qué salir de nuestra zona conocida?. ¿Por qué adentrarnos en un camino de incertidumbre?. ¿Por qué tener que enfrentarnos a nuestros miedos?. ¿Cuál es el nuevo rol de los líderes?. ¿Cuál es la consecuencia de cambiar?. ¿Y de no hacerlo?

 

Todos los porqués responden a un sentido necesario, pues sin una causa mayor quedamos anclados en la realidad presente. Sólo las respuestas a nuestras preguntas nos pueden revelar un significado profundo que se convierta en un sólido pilar desde donde crecer y ser más felices. El sentido es pues uno de los grandes pilares sobre los cuales emprender cualquier proceso de cambio.

 

Vencer el miedo a crecer

Mandela expresó en su discurso de investidura como Presidente de Sudáfrica  algo que me resulta tremendamente inspirador: “Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Nos preguntamos, ¿quién soy yo para ser brillante o talentoso, magnífico o fabuloso? Pero en verdad ¿y quién soy para no serlo?”.

 

Esta cita nos invita a aceptar la necesidad de autodescubrirnos con determinación y convicción para poder crecer en nuestras más altas posibilidades.

 

Y es que paradójicamente como Mandela apunta, nos da miedo nuestro propio potencial, nuestra luz, quizá porque descubrirla nos llevaría a otra dimensión de responsabilidad que no nos atrevemos a aceptar.

 

Nos convencemos de que quienes brillan son otros. De que son otros quienes tienen talento para alcanzar esos sueños que ni siquiera nosotros nos atrevemos a soñar, o peor aún, los que siempre hemos soñado y sentimos que inevitablemente nunca haremos realidad.

 

Y es que en el fondo negar nuestro yo verdadero nos libera, pues nos exime de la responsabilidad de convertirnos en quienes realmente somos, seres humanos con capacidades extraordinarias, pues de descubrirlas alcanzaríamos un poder superior y deberíamos ser consecuentes con él, lo que nos llevaría a tener que enfrentarnos a nuestros miedos y a desafiar nuestras creencias para afrontar esos desafíos que ahora sólo consideramos al alcance de unos pocos elegidos.

 

“En el fondo negar nuestro yo verdadero nos libera, pues nos exime de la responsabilidad de convertirnos en quienes realmente somos, seres humanos con capacidades extraordinarias”

 

Y es así, desde la negación a nosotros mismos, como nos convencemos cada vez más que es absurdo querer ir más allá, pues nada o poco encontraremos que merezca realmente la pena, logrando que la profecía se cumpla, pues efectivamente ¡nada más de nosotros mismos vamos a encontrar si no vamos más allá del lugar en el que estamos!, si seguimos en nuestro espacio conocido, ese que nos da confianza y que más o menos nos resulta confortable, o quizá no tanto.

 

De esta forma evitamos tener que emprender con decisión y confianza ese camino hacia lo desconocido, un camino que en el fondo nos asusta, que es el viaje a nuestro verdadero  yo, a nuestro auténtico Ser en esencia.

 

Pero podemos encontrar en el sentido del cambio el modo de vencer nuestros miedos, pues la capacidad y la voluntad de encontrar un significado profundo a las circunstancias, incluso a las más difíciles, nos pertenece. Sólo el hecho de ser consciente de esta posibilidad inherente al ser humano puede resultarnos de momento liberador y un acicate para tomar la iniciativa, sin dejarnos dominar por ello.

 

“Podemos encontrar en el sentido del cambio el modo de vencer nuestros miedos, pues la capacidad y la voluntad de encontrar un significado profundo a las circunstancias, incluso a las más difíciles, nos pertenece”

 

Vivir desde la pasión de Ser persona

En ocasiones ocurre simplemente que no pensamos siquiera en la necesidad o en la oportunidad de cambiar para lograr que las cosas cambien desde nuestro cambio personal. El día a día nos absorbe, lo que nos lleva a transitar por la vida sencillamente trascurriendo por ella, sobreviviendo, sin consciencia de nuestras verdaderas posibilidades o desde la aceptación de lo que nos ha tocado vivir.

 

Pero vivir la vida no es consumirla desde la resignación, sino saborearla desde la pasión de Ser persona, desde las desde las capacidades que nuestra propia naturaleza nos ofrece como oportunidad para crecer y ser más felices.

 

Conectarnos con nuestro Ser en esencia

Y en otros casos creemos que somos sencillamente como nos vemos. La mayoría de las personas viven sobre la realidad de un Ser en apariencia. Pero la realidad es que no somos como creemos que somos. No somos ni como nos vemos, ni mucho menos como nos proyectamos en los demás. En realidad somos como potencialmente somos, es decir, seres humanos únicos e irrepetibles con un gran potencial que descubrir y poner en valor.

 

Esta tendencia a creer que somos quiénes aparentamos ser, nos lleva a vivir sobre la idea de un Ser mucho más limitado del que en realidad somos. Sin embargo la certeza de que somos mucho más, nos da un margen de mejora tremendo y pone ante nosotros un desafío que puede ser tremendamente ilusionante y con un amplio significado, el de vivir conforme al Ser que somos en esencia, que es darnos la oportunidad de crecer desde otras posibilidades, de volar tan alto como nuestros sueños y de ser tan felices como nuestra propia dignidad como personas nos hace merecer.

 

“La certeza de que somos mucho más, nos da un margen de mejora tremendo y pone ante nosotros un desafío que puede ser tremendamente ilusionante y con un amplio significado”

 

Cambiar para crecer

Desde la comprensión de quienes en realidad somos, de nuestras auténticas posibilidades para vivir la vida con mayor plenitud, y desde el convencimiento de que merece la pena vencer nuestros miedos, podemos alcanzar una atalaya desde donde vislumbrar la necesidad y oportunidad de emprender con aceptación, determinación y convicción la senda del cambio.

 

La consciencia de nuestra verdadera realidad nos llevará a comprender que la diferencia entre lo que logramos y lo que somos capaces de lograr nos abre un abanico enorme de posibilidades para crecer y ser más felices, incluso para alcanzar metas que ahora nos parecen imposibles.

 

“La consciencia de nuestra verdadera realidad nos llevará a comprender que la diferencia entre lo que logramos y lo que somos capaces de lograr nos abre un abanico enorme de posibilidades”

 

Cambiar nuestros pensamientos, derribando esas creencias que nos atenazan, esos prejuicios sociales que nos restan libertad, esas falsas verdades que nos terminamos por creer o esas autolimitaciones que nos hemos ido imponiendo y que en algún momento descubriremos que nos han dificultado o impedido alcanzar nuestros sueños más soñados, es una auténtica oportunidad que no podemos despreciar.

 

Desde la aceptación de todo aquello que nos limita pero que podemos cambiar, encontraremos la necesaria determinación y convicción para empezar a hacerlo.

 

De este modo el sentido nos llevará a la consciencia y a la responsabilidad de cambiar, para lograr vernos en algún momento en el verdadero camino del crecimiento, un camino que nosotros mismos construiremos desde una nueva visión, con un mayor criterio y con toda la pasión. Ese que es en definitiva el que deseamos, podemos y nos es legítimo vivir, en lugar de estar viviendo el camino en el que estamos, quizá de casualidad, quizá porque otros lo construyeron por nosotros, o quizá porque es el único que creemos posible.

 

Es así como nos encontraremos en esa nueva dimensión, la del crecimiento, desde donde podremos comprobar que con nuestro cambio podemos lograr que las cosas cambien y que el mundo crezca como un lugar mejor para todos. La que nos llevará a comprender que el verdadero poder es el del autodescubrimiento. La que nos hará concluir definitivamente que crecer es la consecuencia de cambiar.

 

Y es así como podemos encontrar por fin y para siempre ese Ser extraordinario que habita en cada uno de nosotros, quizá el más genuino sentido del cambio.

 

Personas que cambian, organizaciones que crecen

Y cuando las personas cambian, las organizaciones inevitablemente crecen, pues las personas son el alma de las organizaciones y cuando estas cambian, se adaptan más eficazmente, descubren nuevas capacidades y motivaciones, se enfrentan a desafíos más altos desde un sentido más profundo e ilusionante desde donde necesariamente alcanzan mayores resultados y generan más valor.

 

El Growth Management nos invita a poner en valor desde el sentido del cambio su mantra: “Personas que cambian, organizaciones que crecen”.

 

Los líderes deben decidir si quieren erigirse como los auténticos impulsores del cambio, y actuar en consecuencia. El desafío del cambio no espera. Algunas preguntas que convendría contestar son: ¿cómo estoy liderando el cambio en mí mismo? ¿Y en los demás? ¿De qué manera está impactando de forma dinámica sobre el crecimiento de mi organización?.

 

Ignacio Bernabé

Founder & President of The Growth Management® Science Company

Growth Management® International Expert Consultant, Coach & Speaker

www.ignaciobernabe.com

 

The Growth Management® Science Company

www.thegrowthmanagementscience.com

info@thegrowthmanagementscience.com

 

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