Imagino que todos somos conscientes de que nos encontramos en un momento clave de la historia de la humanidad. Un momento ante el cual no podemos cerrar los ojos. No podemos dar la espalda a esta realidad que nos está tocando vivir, y sobre todo no podemos engañarnos ni dejarnos engañar.

Hemos creado un entorno inimaginable tan sólo hace unos años. Un entorno que suelo calificar de oceánico. Un entorno global, dinámico, cambiante, sobrecomunicado, sobredimensionado, tremendamente complejo y más competitivo que nunca. Un entorno que, tomen conciencia, no va a cambiar. Y no va a hacerlo, por cuanto que las especiales características que lo definen van a seguir reforzándose unas a otras. Con independencia de que la crisis pase, que por supuesto que pasará, esto entorno va a seguir siendo pues, cada vez más oceánico. Hacer negocios no va a resultar nunca tan relativamente fácil como hasta ahora, al menos, para los que no sean capaces de unirse, para adaptarse al medio y crecer juntos. Esta es la clave: unirse, para adaptarse y crecer.

Y es que en un entorno así, con estas expectativas y por duro que nos resulte, no podemos plantearnos con sobrevivir, ni siquiera fíjense, con ser competitivos. En un entorno oceánico sólo cabe ser altamente competitivos, algo que sólo puede suceder desde el valor del equipo. Por ello tenemos que hacer de nuestras empresas auténticos equipos. El gran equipo que propongo (El Gran Equipo. LID Editorial 2011), es un equipo de personas comprometidas, un equipo de personas competentes, y sobre todo un equipo de personas felices. Un equipo que no tiene tanto que ver con la cantidad de personas que lo forman (atención a las PYMES), como con la calidad humana de las mismas. Al hilo de esto, debemos considerar que el 90% de las empresas no son auténticos equipos, pero la buena noticia es que el 100% tienen el potencial para serlo. Esto quiere decir que todavía hay mucho que podemos hacer, todavía hay mucho que está en nuestras propias manos hacer, para cambiar. Cambiar, para cambiar la realidad.

Y para hacer esa necesaria e inevitable transformación (del 2.0 al 3.0) necesitamos visión, criterio y pasión. Una nueva visión que nos haga creer más en las personas (creer para crear y para crecer). Y una nueva visión de la empresa más fresca, limpia y coherente que nos ayude a desarrollar el valor más importante que tenemos, que es el valor del equipo. Con criterio me refiero a modelos y herramientas que nos permitan pasar a la acción (MIGDCE, DN7, LCC…). Y la tan necesaria pasión que nos ayude a crear y mantener un auténtico espíritu de equipo.

La experiencia con equipos y organizaciones nos ha demostrado que el simple hecho de abrir una nueva visión en la gente y de asumir un auténtico compromiso institucional para empezar a desarrollar la idea de que “en equipo se puede soñar en grande”, precisamente en los momentos más complicados, mejora significativamente y de inmediato el liderazgo, y así como la percepción de valor, la motivación, el compromiso y la competencia de los profesionales, es decir, genera resultados a muy corto plazo (6 meses), justo lo que ahora más necesitamos.

La experiencia también nos está demostrando que el desarrollo de auténticas culturas de equipo, y la implantación de modelos y metodologías eficaces de gestión y desarrollo del talento, trae retornos a medio plazo (18 meses) superiores al 400% incluso en plena crisis.

Por otra parte a nadie se le escapa que las empresas más competitivas del mundo con independencia de su tamaño, sector y antigüedad, lo son precisamente por haber hecho una firme apuesta por el talento. La experiencia también nos está demostrando que la crisis está siendo una oportunidad para muchas organizaciones, precisamente las que están basando su competitividad en el concepto de “Gran Equipo”.

Sin embargo, a pesar de que ya prevemos que los distintos mercados van a ser liderados por bastantes menos empresas, pero mucho más competitivas, precisamente las que mejor han sabido adaptarse. A pesar de que todos somos conscientes de que si seguimos haciendo lo mismo, obtendremos lo mismo. A pesar de que la situación actual requiere de una mente abierta y de una actitud absolutamente proactiva y dinámica, tengo la sensación de que estamos adormecidos. Adormecidos en cuanto a la generación de nuevas ideas y respecto a la asimilación y puesta en marcha de nuevos paradigmas. Parece que una vez más encontramos excusas para no hacer, lo que tenemos que hacer, en el momento lo tenemos que hacer. Siempre encontramos un pero, para postergar aquello que es prioritario. Nos centramos en poner parches, en lugar de cambiar nuestro modo de pensar, de sentir y de hacer.

En entorno actual no hay nada más rentable que desarrollar el valor del equipo en las organizaciones. Nada más rentable para las empresas, para las personas y para la sociedad en general. Ninguna otra opción, además, es viable.

Si usted es empresario o empresaria, director o directora de personas, responsable de formación, desarrollo o de estrategia, hágase unas preguntas claves: ¿qué competencia a nivel organizacional necesito para garantizar que mi empresa va a salir de la crisis y además con expectativas de futuro? ¿Qué competencia tengo? ¿Cómo voy a cerrar esa brecha?. Si objetivamente no tiene las respuestas, necesita urgentemente empezar a poner soluciones. Créame que si lo hace, las cosas le empezarán a ir mejor.

Este artículo ha sido publicado en RHMedia el 10-10-2011

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1 Comentario

  1. ¡Excelente pensamiento! lo felicito. El criterio y la pasión persisten, creo que la visión es la que está débil. Necesito creer más en las personas (aunque nos fallen a diario) y hacer lo que usted dice «creer para crear y para crecer».

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