Un lenguaje universal que debemos aprender a hablar si queremos ser capaces de construir un nueva realidad.

Ahora que se acerca el fin de año y todos nos planteamos nuevos objetivos, quisiera recordar a la sociedad en general y a las empresas en particular la necesidad de hacer un gran cambio que nos ayude a salir de este momento convulso en el que nos encontramos, y a situarnos de una vez por todas en la buena dirección. Así que planteo que incluyamos entre nuestra larga lista de propósitos, uno algo especial: aprender a hablar con soltura el lenguaje del compromiso.

Si anhelamos una nueva realidad; si queremos construir ese futuro que deseamos, debemos dejar ya de lamernos las heridas y de mirar siempre la paja en el ojo ajeno porque hay mucho que hacer, hay que empezar a hacerlo ya, y está en nuestras manos hacerlo. El cambio de rumbo es posible desde el compromiso personal por encima incluso del institucional. Y las dificultades están ahí, no las podemos evitar, pero la vamos a superar. Las empresas y las personas tenemos mucho que decir y que hacer. Mientras los gobiernos en general siguen pensando en cómo van a sacarnos de esta y dandonos muestras de su ineficacia, nosotros debemos actuar ya porque lo estamos pagando muy caro: las primeras con su competitividad, y las segundas con su competencia y felicidad: nuestro futuro y el de nuestros hijos está en juego. El coste de no hacer lo que debemos y podemos es demasiado alto.

Es mucha la gente que afirma conocer y apostar por el valor de las personas. Es mucha la gente que dice asegurar que en la mano de las empresas está volver a generar empleo, riqueza y bienestar. Pero lamentablemente no toda esa gente habla el lenguaje del compromiso. Siempre hay un pero que les excluye de la responsabilidad. ¡La responsabilidad es de todos!. Si de verdad queremos un cambio tenemos que empezar a creer más en nosotros mismos. Si de verdad creemos que es posible, tenemos que comprometernos con ello porque si no somos parte de la solución nos hemos convertido en parte del problema, y así claro, la profecía se cumplirá.

El lenguaje del compromiso es el lenguaje que menos palabras tiene, y aún así el más dificil de aprender; precisamente el que más necesitamos hablar. Tan sólo una única palabra conforma su vocabulario. Una palabra tristemente traducida a otros lenguajes como primera persona del singular. Lo habrán adivinado: la palabra en cuestión es «YO». Y la escribo en mayúscula como símbolo de distinción. Un solo gesto permite hablar de otro modo el lenguaje del compromiso a aquellos que convencidos de sí mismos y de su causa, prefieren levantar su mano con energía en lugar de verbalizar su determinación. Tan aparentemente fácil como dificil de llevar a la práctica. Quien pronuncia «YO» o levanta la mano en el lenguaje del compromiso, asume libre y conscientemente un reto. Quien pronuncia esta única palabra sabe que da un paso adelante, que se situa en un punto de no retorno. Un paso que significa creer firmemente en algo y estar dispuesto a luchar por conseguirlo. Un único gesto que asume implicitamente esfuerzo, disciplina, perseverancia, confianza en uno mismo y en los demás, para hacer posible una causa mayor. Quien se expresa en el lenguaje del compromiso lo hace desde su propia elección: desde su consciencia y desde su libertad. Quien levanta su mano en el lenguaje del compromiso, lo hace por sí mismo y con determinación, sin condicionar su elección a la de los demás.

Para hablar a la perfección este lenguaje debemos superar nuestros temores y complejos, y saber que tenemos mucho que dar a los demás. Hablar el lenguaje del compromiso, es un ejercicio de responsablilidad, de inteligencia y de generosidad. Es el significado profundo de esta única palabra el principal obstáculo para hablar este lenguaje universal: es el imponderable a salvar.

Deseo que en este próximo año podamos comunicarnos decidida y definitivamente en este bello lenguaje, para que las cosas empiecen a cambiar. Felices fiestas, y feliz año nuevo a todos.

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3 comentarios

  1. Cada vez me gusta mas la palabra compromiso hecha realidad en todas las dimensions de la vida: matrimonio, familia, amigos, profesion, valores, etc. A muchas personas les asusta esta palabra, pero pienso que una vez que has decidido comprometrte con alguien o con algo, todo se simplifica. En el ambito empresarial, todo empleado, desde su nivel de responsabilidad, tiene el deber de comprometerse con el proyecto de empresa, siempre que este responda a unos principios eticos previamente establecidos y desarrollar en este caso el sentido de pertenencia.

    Begoña San Martin

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