«El camino del emprendedor es como el del alpinista; uno no termina de saber nunca hasta dónde llegará, sólo tiene la certeza de que a cada paso está más cerca».

Como gran amante de la montaña, en un reciente foro de directivos puse como ejemplo de superación a Edurne Pasaban, alguien a quien admiro profundamente. Edurne se convirtió oficialmente el pasado 29 de agosto, en la primera mujer en ascender a las catorce cimas mas altas del mundo; los catorce ochomiles. Ello ha sucedido tras el análisis de la federación surcoreana de montañismo, quien a falta de pruebas determinantes no reconoce a la escaladora OhEun-Sun el mérito de haber coronado la cima del Kanchenjunga. Así pues, el mérito es de Edurne quien hasta el momento había quedado en segundo lugar.

A la pregunta de un periodista, en relación a si Edurne se encontraba frustrada por no haber podido disfrutar como merecía del instante de sentirse vencedora, la alpinista contestó: «yo tuve mi momento de alegría en el Shisha Pangma por haber logrado lo que me había propuesto, fuera la primera, la segunda o la octava en conseguirlo». Esta respuesta demuestra el espíritu de Edurne, que en definitiva es el espíritu de la gran mayoría de los alpinistas, al menos de los que aún siendo profesionales, todavía escalan montañas por el puro placer de hacerlo.

Y es que el montañismo en su sentido más puro y al nivel que sea, se ha convertido para muchos en una metáfora de la vida misma. Una actividad que te permite encontrarte contigo mismo, sacar los valores que llevas dentro, y entender que como en la vida, en el camino está la gloria. Esto lo expresa muy bien Maurice Herzog, el primer ochomilista, cuando dice que «no es más quién más alto llega, sino aquel que influenciado por la belleza que le envuelve más intensamente siente». Alguien quien también sintió la llamada del camino, fue el tristemente desaparecido y muy admirado Iñaki Ochoa, del que el maestro Reinhold Messner dijo en una ocasión: «Iñaki era capaz de estar a punto de subir a la cima de un 8.000, y empezar a dar vueltas simplemente porque la apetecía. Él subía para divertirse, no para ser el que más 8.000 tuviese».

El camino del emprendedor es como el del alpinista; uno no termina de saber nunca hasta dónde llegará, sólo tiene la certeza de que a cada paso está más cerca. Recorrerlo supone entender que el proyecto merece la pena y sentirse capaz, para después marcarse los objetivos a alcanzar, trazar un plan viable, reunir los recursos necesarios y echar a andar. En demasiadas ocasiones en la montaña no se vislumbra el trazado adecuado, se pierde la orientación y es fácil equivocarse; es cuando las dudas aparecen. Sin embargo, con confianza y perseverancia de nuevo se encuentra el camino que por un instante parecía perdido. Del mismo modo le ocurre al emprendedor, quien se aferra a estos valores entendiendo que cada error cometido le acerca más a la buena senda.

Pero creo que lo importante, tanto en la montaña como en la vida, es por encima de todo disfrutar de ese camino elegido; de su oportunidad; de su belleza; de su aprendizaje…, y porqué no, de su dureza… El camino siempre nos presenta dificultades; bien, están ahí para ayudarnos a saber más de nosotros mismos,  a tomar contacto con nuestra propia esencia, a descubrir nuestras capacidades ocultas… Debemos aceptarlas con agrado, porque son necesarias; aunque parezca paradójico nos ayudan a seguir en el viaje. Como dijo el mismo Iñaki Ochoa: «ésta es la forja donde se templa el acero que luego nos ha de permitir cabalgar esas aristas colgadas del cielo. El hierro gime y se queja, dice el poeta, pero después se convierte en martillo y en espada». El camino del emprendedor es un camino donde se templa la mente y el alma; hacerlo nuestro depende de nosotros mismos; quererlo u odiarlo son las dos vertientes de una misma arista.

Y cuando al fin se alcance o no la cima deseada, uno debe sentirse igualmente pleno de satisfacción, entendiendo que en realidad no era ese el objetivo último. La verdadera gloria está en ser capaz de trazar y recorrer con orgullo un camino personal, tan lleno de dificultades como de alegrías, tan duro como excitante, tan gris como colorido, tan oscuro como bello…, porque una cumbre no conquistada, no es más que aquella que te llevará a conquistar otras mayores. Esta es la más pura esencia del montañismo, y también la del emprendedor; una esencia que te atrapa y forma parte de ti para siempre, pues después de cada cima, de nuevo vendrá otra. Sólo cabe, en palabras de Ochoa: «esperar que la honestidad y la humildad guíen nuestros pasos…».

10 comentarios

    • Estimado Sabino. Muchas gracias por tus palabras. Todo sucede en nuestra mente. Debemos partir siempre de la convicción de que todo está a nuestro alcance por mucho que nos parezca fuera de toda lógica, y luchar por conseguirlo. Cuando te liberas de prejuicios y creencias limitadoras y eliges conscientemente esta actitud, una nueva realidad se abre ante tí, tomas contacto con tu propia esencia y poco a poco pones en valor capacidades que jamás hubieras pensado que tenías. La fe en uno mismo y la perseverancia pueden llevarte hasta donde tu quieras. En la vida hay que ser valientes y atreverse a soñar en grande, porque quien sueña en grande algún día es grande. Te deseo lo mejor.

  1. COMO APRENDE Y CRECE UNO COMO SER HUMANO CON TODA ESA INFORMACION TAN PRODUCTIVA QUE APORTAS
    .Y NOS AYUDA A LOS QUE TENEMOS SUEÑOS Y METAS AMBICIOSAS AUNQUE NO SEA FACIL

    • Estimado José. Muchas gracias por tus palabras. Hace poco me preguntaron en una entrevista cual es el rasgo que más me ha ayudado a ser quien soy. Contesté: «sin duda, soñador». Y luego me preguntaron por qué o por quien siento admiración. Y contesté «por todo aquel que lucha pese a todo con ilusión y coraje por conseguir sus sueños». Por favor, no dejes de soñar y de luchar por hacer realidad tus sueños, es la esencia de la vida y la base de la felicidad. Un fuerte abrazo.

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