Al compromiso desde el amor: un nuevo paradigma en la gestión integral de personas, desmitifica las propuestas de valor actuales como elementos comprometedores.

Defino la motivación organizacional, como «toda acción estratégicamente orientada a animar a los profesionales de la empresa, para que procedan como mejor convenga a esta, salvaguardando cuando menos y en todo caso sus propios intereses». Desde el punto de vista de los profesionales, debe entenderse, como toda causa o efecto que les anima a proceder de este mismo modo. A este respecto las empresas conformamos nuestras propuestas de valor, que dicho sea de paso deben de ser personalizadas; tratando de manejar eficaz y equilibradamente conceptos como: salario, flexibilidad, conciliación, formación, carrera profesional, cultura… Lo que pretendo discernir  aquí, no es sobre la efectividad sobradamente demostrada de estos elementos de valor sobre la motivación de los profesionales, sino sobre su efectividad en relación al compromiso, por ser este el reto a conseguir en las organizaciones, desde la perspectiva de la gestión integral de personas.

Defino el compromiso organizacional, como «toda actitud voluntaria y recíprocamente asumida entre una organización y sus profesionales, como el modo de vivir con plenitud su relación». El compromiso en la empresa es una especie de «código de vida»; como unas reglas no escritas que se adoptan entre las partes como «modus vivendi». Pero, déjenme que les explique como llegar hasta aquí.

La motivación tiene que ver con la seducción; con el despertar deseo en el otro para conseguir un fin. Sin embargo el compromiso se asemeja a la conquista, que como fruto de la pasión, va directa al corazón. La motivación, despertada a través de la seducción —basada en el arte de la persuasión—, se sustenta sobre una base quebradiza, puesto que se extiende hasta que el profesional percibe que determinados elementos de valor dejan de ser diferenciales y atractivos por ser la tónica general, o simplemente por el natural proceder del ser humano, quien siempre quiere más. Es en ese preciso momento cuando este descubre que no le compensa el esfuerzo a realizar, para satisfacer las expectativas de la empresa. La motivación por tanto, tiene fecha de caducidad. Si bien, debemos considerar que al igual que la seducción bienintencionada, es un paso necesario para la conquista; también lo es la motivación como tránsito hacia el compromiso: de este modo, siempre será bien recibida. «Déjeme que le seduzca, para luego tratar de conquistarle», debería pensar la empresa.

Es por tanto el compromiso, creado y sustentado sobre la conquista —basada en el amor—, esa base sólida y duradera que necesitamos, para construir una relación. La motivación implica elementos materiales y emocionales, livianos para lo que se pretende; mientras que el compromiso se basa en actitudes y emociones profundas, que lo sostienen con fuerza. La motivación parte desde la verdad de la empresa; pero el compromiso lo hace desde la verdad absoluta. La motivación lleva a la acción; el compromiso a dar lo mejor de uno mismo. La motivación es cuestión de uno; el compromiso es cosa de dos. La motivación es un rock and roll; el compromiso un tango. La motivación es una orquesta; el compromiso un grupo de jazz. La motivación es «El flautista de Hamelín»; el compromiso «La dama y el vagabundo». La motivación es satisfacción; el compromiso felicidad. La motivación es querer; el compromiso… el compromiso es amar.

Así pues, motivar para comprometer, o lo que es lo mismo, seducir para conquistar; debe ser objeto de atención de la empresa. Debería entonces esta, ser capaz de poner en valor los elementos necesarios para activar la llama de la pasión, puesto que… y aquí está la clave; se conquista a quien se quiere por sí mismo, más allá de los beneficios de cualquier índole, que pueda dar esa relación. Las organizaciones; sus líderes deben amar con mayúscula, a sus colaboradores. Suelo trasmitir que amar no es únicamente la consecuencia del amor como sentimiento intenso de afecto y apego, sino también una actitud que podemos elegir ante otros, y porqué no, ante la vida misma. Amar es también darse a los demás desde una vocación de servicio: motivar, ayudar a otros a descubrirse a sí mismos, a reconocer sus capacidades y a ponerlas en valor. Amar significa: respetar, valorar, no prejuzgar, reconocer el esfuerzo, perdonar los errores, ser paciente e indulgente, y apreciar a la gente tal y como es.  Amar significa, dar. Pero la grandeza del amor verdadero, es que devuelve con creces.

Los líderes que aman, son líderes comprometidos con su gente por su inherente valor humano, más allá de su posición de responsabilidad e intereses con la empresa. Los líderes que aman, entienden el amor como una actitud vital, y no como parte de una estrategia empresarial. Los líderes que aman, son apasionados que despierta pasión. Los líderes que aman, son felices y hacen felices a los demás… Y créanme, no hay más. Si la primera causa de abandono de una empresa, es la falta de sintonía con el superior inmediato; la causa más poderosa de compromiso organizacional, es el amor. Una organización que sabe provocar y canalizar el amor entre su gente —el medio—, es como consecuencia una organización feliz —el resultado—, y las organizaciones felices son las más competitivas; esto ya no es retórica, sino que es ciencia —está demostrado—.

Confieso que el título inicial de este artículo era: «de la motivación al compromiso». Y aunque también podía haberse llamado, «de la seducción a la conquista», o del «deseo a la pasión», finalmente me decidí por el que reza: «del “te quiero”, al “te amo”», me resultó más ilustrativo.

Para terminar, resaltaré que la motivación genera resultados, pero el compromiso revierte resultados extraordinarios sostenibles, que es precisamente como defino el éxito empresarial. Y por favor, la felicidad se encuentra aquí y ahora; depende de nosotros mismos. La felicidad no debe ser un objetivo en sí mismo, sino el resultado de la actitud de amar; no es una meta, es el camino. Quiéranse y sean felices; y recuerden que motivamos cerebros, pero comprometemos corazones.

Este post ha sido publicado el 5-12-2010 en el diario El Levante EMV (Trabajo y Formación).

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