El cambio de época en el que nos encontramos, coincide con un nuevo cambio de paradigma que impone definitivamente, una nueva relación con los profesionales de la empresa.

De las distintas y variadas acepciones de la palabra «recurso» que podemos encontrar en el diccionario de la Real Academia Española, me llama la atención la que se refiere a este como un «medio de cualquier clase que, en caso de necesidad, sirve para conseguir lo que se pretende». Pero cuando pienso en personas, de inmediato me espanta y ni siquiera entro a la reflexión. Entonces busco otra que se ajuste más a mis consideraciones sobre los profesionales de la empresa. En este sentido, encuentro la siguiente: «conjunto de elementos disponibles para resolver una necesidad o llevar a cabo una empresa». Pero de nuevo no me satisface, puesto que si la aplicamos a personas nos lleva a entender a estas como una especie de bienes muebles, propiedad de alguien, y disponibles para ser utilizados a su antojo; el vello se me eriza sólo con pensarlo. Y es que resulta que las caducas definiciones que se refieren a los profesionales de la empresa como «Recursos Humanos», conciben a estos como un eslabón más en la cadena de producción. Una pieza propiedad de la empresa, y relativamente fácil de sustituir cuando no funciona como esta ha previsto.

Tampoco el término «Capital Humano», que fue ganando adeptos a finales del siglo pasado, cuando se aplica a los profesionales de la empresa termina por ajustarse a mis expectativas, puesto que se refiere a un hipotético factor de producción dependiente no sólo de la cantidad, sino también de la calidad de la formación y productividad de las personas involucradas en un proceso productivo, y por tanto incide una vez más en estos como un elemento más de producción, que carece de talento, necesidades, sentimientos… De nuevo «algo» en lugar de «alguien».

Afortunadamente la evolución es algo incesante, tanto o más en las empresas que en las personas. Entrado ya el siglo XXI, no deberíamos estar hablando de «Gestión del Capital Humano», ni los responsables de esta debieran llamarse «Directores de Recursos Humanos». En el cambio de época en el que nos encontramos, donde la gestión y el desarrollo del talento van a marcar más que nunca la diferencia entre los resultados alcanzados por unas y otras empresas, el único término que me convence es el de «Personas». Los profesionales de la empresa, no son bajo ningún concepto un recurso, ni forman parte del capital de la empresa; son ante todo personas, y en la medida en que los Directores de Personas y sus empresas, más allá de dirigirlos, sean capaces de relacionarse con ellos, tendrán más oportunidades que sus competidores para poner en valor y desarrollar todo ese talento oculto que se encuentra latente en el interior de cada uno. Por tanto, no pensemos en la persona como algo fácilmente sustituible, sino como alguien imprescindible, un ser único con capacidades y motivaciones, con necesidades, sentimientos y actitudes, con el que podemos relacionarnos para alcanzar juntos, mediante un compromiso mutuo, las metas que nos proponemos.

De nuevo me remito a la RAE para buscar la definición de «persona», y su principal acepción no me parece demasiado acertada para lo que aquí nos ocupa: «individuo de la especie humana». Entonces intentaré definir por mi mismo al profesional de la empresa como una «persona única e irrepetible, capaz de comprometerse en un proyecto ilusionante y poner en él todo su talento». Si podemos estar de acuerdo en esto, es más que obvio que es tarea de la empresa crear el entorno adecuado para que se fragüe ese necesario compromiso mutuo, y se ponga en valor todo ese talento oculto, transformado en competencia. Los «nuevos» directores de personas, tienen un apasionante reto por delante, y de ellos más que nunca va a depender el futuro de sus empresas.

Este post ha sido publicado el 7-05-2010 en Empresa&Finanzas: Ver artículo en E&F: De Recursos a Personas.

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