Hace algún tiempo, una buena amiga me decía con cariño que soy un «optimista sin escrúpulos»
. Sin ser este el caso, es cierto que en general a los optimistas se nos tacha de soñadores, de estar siempre en las nubes, de no tener los pies en la tierra, de estar mal informados, de ilusos, ingenuos… Pero no podemos olvidar la idea de que si hemos dejado de vivir en cuevas, de vestir pieles o de comer carne cruda es gracias a optimistas soñadores que han sabido imaginar el futuro y se han sentido capaces de vencer las dificultades para construirlo a partir de un presente esperanzador.

Cheerfull smiling woman working with laptop

No estoy de acuerdo con eso de que el pesimista se queja de que no hay viento, el optimista espera que venga en algún momento y que es el realista el que por fin ajusta las velas en la dirección adecuada, porque el optimismo se ajusta más a la proactividad que a la pasividad. Quizá sea el realista el que ajuste las velas, pero es el optimista el que le alienta a hacerlo y el que infunde esperanza e ilusión al pesimista para que contribuya a la tarea.

El optimista jamás le da la espalda a la realidad sino que la construye, porque ser optimista significa en su conjunto:

  • Mirar siempre desde una visión global y periférica y con los ojos puestos en el horizonte, para entresacar la parte positiva de cada dificultad o desafío y emprender desde esa visión.
  • Darse la oportunidad de desplegar todo un repertorio de capacidades que sólo afloran cuando hay un claro e ilusionante escenario de futuro: autoconfianza, autoestima, autocontrol, creatividad, liderazgo…
  • Saber que en las actitudes están las realidades, que lo que hacemos proviene de lo que sentimos y más allá de lo que pensamos, y que por tanto pensar en positivo significa sentir en positivo y hacer en positivo.
  • Asumir desde la determinación y no desde la resignación, las riendas del destino propio, en lugar de centrarse en culpar a otros (personas, entes, fuerzas, leyes universales…) de los males padecidos o por padecer.
  • Vivir y disfrutar del presente, sabiendo que las dificultades que surjan en el futuro serán afrontadas con dignidad, entereza, talento, esfuerzo, disciplina, perseverancia, esperanza e ilusión
  • Estar comprometido con uno mismo y con los demás, para cambiar y evolucionar constantemente.
  • Crecer y superarse desde la humildad, la responsabilidad y la acción (tengo mucho que puedo y debo aprender, tengo mucho que puedo y debo hacer).
  • Escuchar, empatizar y comprender para orientarse hacia la creación de fuerzas y sinergias.
  • Prever (no negar, ni resignarse sin más) las dificultades y planificar consciente, dedicada y decididamente el mejor modo de afrontarlas.
  • Descubrirse cada día desde la ilusión, la plena consciencia y la libertad, no para ser mejor que otros, sino para ser la mejor versión de uno mismo.
  • Saber que mientras que no se demuestre que algo es imposible, es posible.
  • Saber que se puede cambiar, y que cambiar no sólo es una necesidad y sino gran signo de inteligencia.
  • Saber que el estrés y el miedo son mecanismos que te preparan para la acción, y que simplemente hay que aprender a canalizarlos positivamente para que en lugar de bloquearte jueguen a tu favor.
  • Saber que los errores son necesarios para aprender, innovar y superarse.
  • Tomar cada día conciencia de que hoy uno ha sido capaz de hacer algo más, algo mejor o algo más importante que ayer, y estar firmemente convencido de que mañana hará algo más, algo mejor o algo más importante que hoy.

En definitiva, ser optimista es creer en el talento de las personas para construir realidades (humanismo), en contraposición a la idea de que todo de algún modo está predeterminado a través de una secuencia infinita de causas y efectos, y por ello poco o nada podemos hacer (determinismo) o como mucho adaptarnos (evolucionismo).

La explicación científica nos ha ayudado a comprender que:

  •  El cerebro centra su atención y compone para nosotros lo que creemos ver; no creemos lo que vemos, sino que vemos lo que creemos (creer para ver), y por otra parte el inconsciente a partir de nuestras firmes convicciones, nos impulsa a encontrar o a hacer realidad aquello en lo que creemos y vemos (imaginamos, soñamos…), sea positivo o negativo.

Por tanto, «CREER PARA VER Y LOGRAR» podría ser la máxima del optimismo.

El optimista dirige siempre sus pensamientos hacia creencias estimuladoras y generadoras de valor, de este modo consigue alcanzar sus metas, en contraposición al pesimista que con sus propias actitudes termina por conseguir, en demasiadas ocasiones que sus peores sueños se cumplan (ver profecía autocumplida y efecto Pigmalión).

Además, teniendo en cuenta que:

  • La conducta humana es el resultado de un proceso adaptativo (genética) y de la interacción con el medio ambiente (epigenética)
  • Los hechos son el resultado de las conductas y estas evolucionan a partir de las experiencias (interacción con el medio ambiente.

 

Actitudes y hechos pasados no deberían jamás sentenciar nuestro presente ni nuestro futuro. «No estamos condenados a nada», pues nuestras conductas están en permanente evolución para ofrecernos constantemente soluciones innovadoras que nos ayuden a abordar con mayor eficacia dificultades, oportunidades y desafíos.

Por ello para los optimistas, «la vida es una constante oportunidad para aprender y mejorar». 

Bajo estas creencias y actitudes, los optimistas consiguen vivir más y mejor.

Está demostrado que:

  •  Resuelven antes y mejor las dificultades (EFICACIA)
  • Aprovechan mejor los recursos (EFICIENCIA)
  • Se recuperan antes de los fracasos (RESILIENCIA)
  • Consiguen mejores resultados (COMPETENCIA PROFESIONAL)
  • Trasmiten emociones más positivas (INFLUENCIA)
  • Se convierten en una referencia más fácilmente (LIDERAZGO)
  • Comprenden y se relacionan mejor con ellos mismos y con los demás (COMPETENCIA PERSONAL)
  • Afrontan mejor el estrés (CALIDAD DE VIDA)
  • Padecen menos enfermedades y se recuperan antes de las que sufren (SALUD)
  • Viven más años (LONGEVIDAD)

 

Una buena opción para la vida es elegir ser optimista, si uno no lo es por naturaleza, al menos puede optar a serlo por convicción.

¿Te apuntas al optimismo?

1 comentario

  1. De acuerdo con usted en todo. Yo, además tengo un as en la manga. Yo creo en Dios que para mí no significa religión ( yo soy católica ), sí espiritualidad. Dios para mí es amor compasivo. Gracias a mis padres, tras sus muertes, siguiendo sus consejos:
    i) No hago suposiciones.
    ii) Doy el máximo de mi misma.
    iii) Soy impecable con mis palabras.
    iv) Mantengo el sentido común y el sentido del humor como actitud vital.
    v) No me tomo nada personalmente.

    P.S. Cada uno amamos como sabemos.

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