Hoy conviene recordar que la igualdad es un hecho inherente a la naturaleza humana. El día en que la sociedad lo comprendamos, lo aceptemos y lo respetemos,  no hará falta reclamarla como un derecho. Pero ¿cómo somos?. ¿Por qué siendo tan diferentes, en el fondo somos tan iguales?. Ignacio Bernabé nos acerca a la verdadera dimensión humana que se esconde tras el simple hecho de ser personas, apelando a ella para acabar con la lacra de la desigualdad de género y del maltrato a la mujer. ¡Para reflexionar!…

 

El día en que la sociedad comprendamos, aceptemos y respetemos que la igualdad es un hecho, no hará falta reclamarla como un derecho.

En realidad todos somos diferentes porque cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, nada que tenga que ver con el sexo, la raza, la cultura o la religión.

Pero es precisamente esta diversidad inherente a la naturaleza humana, la que paradójicamente nos hace iguales. Pues por muy diferentes que en realidad somos, todos en nuestra más pura esencia somos idénticos: nos reconforta un abrazo, nos hace sonreír una sonrisa, nos pone el vello de punta una caricia, nos ilusiona un nuevo proyecto, encontramos en una mano cálida el apoyo para superar nuestros miedos.

Somos iguales en la necesidad de sentirnos escuchados, de saber que somos importantes para otros, de expresar nuestras emociones para dar rienda suelta a nuestras alegrías y a nuestras penas, a nuestros logros y a nuestros fracasos, a nuestros pensamientos más íntimos, aquellos que no nos atrevemos a compartir con palabras, a nuestras pasiones.

Somos iguales sí.

Iguales cuando dialogamos con nosotros mismos para para llegar a nuevas certezas, a nuevas motivaciones, para descubrir nuevas capacidades e ilusiones que nos lleven en definitiva hasta un lugar mejor que en el que estamos, que nos ayuden a hacer realidad nuestros sueños.

Somos iguales al cometer los mismos errores y querer aprender por fin de ellos, aunque nos cueste aceptarlo y perdonarnos, porque en el fondo nos gustaría ser perfectos.

Somos iguales al resistirnos al cambio, cuando en realidad sabemos que necesitamos cambiar para que las cosas cambien.

Iguales al querer ver en el espejo a la persona que nos gustaría ser, sin saber que en realidad somos mucho más que quien creemos estar viendo.

Iguales cuando lloramos desconsolados, cuando sentimos que no podemos más, cuando creemos que nos superan las circunstancias, cuando estamos seguros que nada va a salir como teníamos previsto, o cuando suplicamos a la vida un espacio de felicidad para recomponernos.

Y es así cuando encontramos finalmente en la esperanza, en nosotros mismos, en otros, en quienes tenemos cerca o en quienes no hemos visto jamás pero sentimos que están a nuestro lado o que nos necesitan, o en quienes necesitamos, o en las creencias de cada cual, ¡no importa!, pero somos iguales porque siempre todos terminamos por encontrar un nuevo y más poderoso motivo por el cual seguir luchando con alegría y dignidad.

Y es así como nos levantamos una vez más mirando a la vida de nuevo frente a frente, dispuestos a bebérnosla a grandes sorbos, como siempre hemos querido. Y es así, porque sólo puede ser así. Y porque es así como quizá algún día comprenderemos por fin y para siempre que tropezar no es caer, que perder no es fracasar, que atreverse es vivir, y que vivir es mucho más.

Y aun así, pese a todo, seguimos siendo iguales.

Iguales porque después de hacernos enormes ante la más inmensa de las dificultades, volvemos a hacernos pequeños por cualquier tontería. Seguimos poniéndonos tristes en los días grises aunque hayamos descubierto que la luz habita en nosotros. Seguimos cayendo al vacío por una simple palabra de otros, a la que damos más credibilidad que a todo lo que llevamos ya escrito.

Y más iguales aun somos, porque cuando se nos rompe el corazón y hasta el alma, buscamos lo que más necesitamos, que es amar y ser amados. Porque el amor nos da la vida y porque damos vida cuando amamos.

Así de iguales somos, por mucho que seamos diferentes.

Esta es la magia de Ser por encima de todo ¡personas!.

Por ello, desde la dignidad que nos corresponde como seres humanos, tenemos que frenar de una vez por todos el trato que esta sociedad da a la gran mayoría de las mujeres. Más allá, el maltrato que lamentablemente reciben demasiadas de ellas, y no sólo me refiero al físico.

Quizá algún día mujeres y hombres salgamos a las calles para celebrar juntos que por fin hemos comprendido que el simple hecho de ser personas es motivo suficiente para que estemos mucho más unidos.

Mientras tanto, mi cariño y apoyo para todas esas mujeres que hoy se manifiestan o que cada día de su vida sienten que necesitarían manifestarse y no pueden,  para lograr lo que dignamente les corresponde más allá de por ser mujeres, por esto mismo, por el simple hecho de ser por encima de todo personas.

 

Ignacio Bernabé

www.ignaciobernabe.com

 

 

 

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