¿Qué es la felicidad?. ¿Se puede buscar?. ¿Se puede alcanzar?. ¿Se puede tener siempre, en todo momento y circunstancia?. ¿Existe de verdad?. ¿Es un mito?, ¿una utopía quizá?.

Hablemos de felicidad en este artículo de Ignacio Bernabé.

 

Felicidad es un término que viene del latín felicitas, a su vez de felix, que significa “fértil”. Es un estado emocional transitorio que se produce cuando creemos haber logrado algo.

Es en ese momento, cuando recogemos el fruto buscado cuando nos sentimos fértiles, capaces, felices… Pero es un estado transitorio, por cuanto que esa felicidad la alcanzamos y al tiempo se nos va. La estamos buscando y cuando la encontramos la perdemos, por tanto siempre andamos en una permanente búsqueda de la felicidad. Es precisamente ese mismo estado de búsqueda continua el que puede llegar a provocarnos una permanente insatisfacción, porque todos queremos sentirnos felices en todo momento y lugar, y eso no es posible.

Ahora bien, una cosa es “sentirse feliz”, y otra mucho más poderosa, profunda y duradera es “ser feliz”, pero ello no llegará nunca mientras sigamos condicionando nuestra felicidad.

Supeditamos nuestra felicidad a las metas que nos planteamos: tener cosas materiales, conseguir la amistad, el amor o el favor de personas, retos profesionales… ¿Y qué ocurre si no logramos nuestros propósitos?. Nos sentimos frustrados, tristes, abatidos… y posponemos nuestra felicidad a otro momento, a otro lugar, condicionándola de nuevo, una y otra vez, a otros objetivos, a veces incluso contraproducentes, pues en ocasiones nacen más de la propia insatisfacción que de la ilusión y el entusiasmo por alcanzarlos.

Al igual que creo que lo importante no es obsesionarse con los objetivos, sino vivir y disfrutar al máximo del camino que se recorre para llegar a alcanzarlos, creo que lo importante en la vida no es obsesionarse con la felicidad, sino vivir y disfrutar cada día con lo que hacemos, tratando de descubrirnos y de ser cada día nosotros mismos.

En ambos casos se da la paradoja de que tanto los objetivos como la felicidad llegan a nosotros no tanto por la estrategia, sino por la actitud. El éxito no está tanto en la consecución de los objetivos, como en la motivación hacia ellos y en el modo en el que se recorre el camino. La felicidad no debe ser por tanto un objetivo, sino el camino hacia ella. No debemos buscarla, en todo caso, ella nos encontrará.

Es la motivación y la actitud hacia algo, y no el logro en sí mismo, lo que produce en las personas sentimientos positivos más profundos y estimulantes.

No podemos dejar que nuestra felicidad esté condicionada por el logro de factores externos que al igual que vienen, se van. Porque las cosas materiales se terminan por estropear, o nos dejan de gustar, o se pasan de moda. Porque los retos profesionales, una vez alcanzados nos dejan de estimular, y porque el amor, o la amistad se pueden llegar a acabar, más allá de nuestro propio deseo, por las circunstancias o deseos de los demás.

La felicidad duradera, la que nos interesa, la que está por encima de los dolores y sinsabores de la vida, la encontraremos en aquello que depende de nosotros mismos, en factores internos, en nuestro interior, porque sólo de este modo resultará sostenible en la medida en que nosotros mismos nos hayamos hecho sostenibles como personas: fuertes, capaces, con ilusiones…

Si hay alguna clave, quizá esté en el “autodescubrimiento”. El autodescubrimiento es mucho más poderoso que la “autorealización”. El autodescubrimiento nos acerca mucho más a la felicidad buscada que la realización por haber alcanzado determinados logros, porque, ¿qué queda una vez nos realizamos?. No queda nada. La satisfacción por la realización, dura lo que le cuesta a nuestra permanente insatisfacción, algo por otra parte inherente al ser humano, poner en marcha los mecanismos necesarios para activar nuevos objetivos que nos lleven a conseguir más cosas, muchas de ellas que en el fondo ni siquiera necesitamos.

Es más estimulante encontrar cada día espacios y tiempos para la reflexión personal, para revisar nuestras actitudes vitales, nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás… Crear oportunidades para conocernos un poco mejor, y así poco a poco conseguir transcender a ese ser que ahora somos, para acercarnos un poco más a ese verdadero ser que en realidad somos pero ni siquiera aún conocemos. Un ser con muchas más capacidades, y menos limitaciones para explorar, vivir y disfrutar la vida con mayor intensidad.

Es más motivador saber que hoy hemos sido capaces de hacer algo más, algo mejor o algo más importante que ayer, y estar firmemente convencidos de que mañana haremos algo más, algo mejor, o algo más importante que hoy. Esa percepción sobre nosotros mismos, esa firme creencia en nuestro propio ser, es la que finalmente termina por hacernos libres, despojándonos de las limitaciones de una sociedad aún en pañales, que desde un rol paternalista se empeña en dirigir nuestras vidas hacia un lugar que ni ella misma conoce. Es de este modo, tomando conciencia de uno mismo, como uno puede vivir y darse a los demás en toda su dimensión.

Es desde esa nueva dimensión, como podemos convertirnos en seres más alegres, vivos, dinámicos y animados…

Es desde esa madurez y libertad que se alcanza poco a poco, como podemos aprender algo esencial: “no aferrarnos a las cosas como si nos pertenecieran para siempre”. Es como el aire que respiramos. Si pretendiéramos retenerlo permanentemente, empezaríamos a morirnos poco a poco. Ese aire es nuestro por un momento, pero no para siempre. Lo dejamos ir sabiendo que ahí, a nuestro alrededor, hay más aire para nosotros. Lo soltamos seguros de nosotros mismos, en la certeza de que pronto otra bocanada de aire fresco nos inundará. Es esto lo que nos hace sentirnos plenos y satisfechos una y otra vez.

Cuando tomo aire me lleno de energía vital, igual que cuando me siento alegre o feliz. Es como cuando disfruto de lo que “ahora tengo a mi alcance”, sabiendo precisamente eso, que ahora lo tengo y quizá mañana no, porque si creo que siempre lo voy a tener, entonces ya no disfrutaré de ello del mismo modo, no le prestaré atención, será una bocanada de aire fresco que habré dejado escapar.

Al igual que la mejor negociación es aquella en la que negocias aquello de lo que en realidad podrías prescindir, la mejor opción en la vida es disfrutar a cada momento de todo, sabiendo que nada nos pertenece, que las oportunidades son efímeras, como la belleza de una flor o como un precioso amanecer, que los momentos son suaves y frágiles, como el beso de un hijo o el abrazo de un amigo, que los instantes son fugaces como una mirada cómplice de la persona amada.

Es desde esa nueva dimensión, como podemos entender y aceptar que en nuestro camino vital, la tristeza le da sentido a la alegría, al igual que el dolor al placer, o la frustración a la satisfacción, porque sin los unos no existirían los otros.

Es desde esta humilde pero alta atalaya, como uno puede llegar a aceptar que las emociones de la felicidad no son siempre alegría, bienestar, paz… sino también otras, como el miedo o la incertidumbre, derivadas del compromiso, la lucha, los desafíos, la resistencia o incluso el dolor.

Nos sentimos felices y nos convertimos en personas alegres, vivas, dinámicas, comunicativas… cuando tomamos conciencia de que todo lo bueno que sucede a nuestro alrededor cada día. Cuando sabemos que cada hora, minuto y segundo, es una oportunidad ganada o perdida para siempre.

Podrán haber más flores bonitas, pero la que se marchitó y no disfrutaste, esa ya no la podrás volver a contemplar. Podrás ver más soles saliendo de entre las aguas de los mares, pero ese que te pudo iluminar ayer, ya se escondió por el horizonte. Quizá tengas más besos, más abrazos, más miradas cómplices, pero esas muestras de cariño y de amor en las que ayer no reparaste, te hubieran dado la energía que necesitaste en aquel momento o reconfortado justo cuando más te hacía falta.

En nuestras manos está sentir, gozar, vibrar, apasionarnos con todo lo que nos rodea. Tomar conciencia de que cada detalle, cada textura, cada sabor, olor o color es una oportunidad para sentirnos felices. Es como una pequeña imposición que incrementa poco a poco la cuenta bancaria de nuestro bienestar y que de interés nos retorna cada vez con más intensidad, esa paz interior y a la vez esa energía y esas ganas de vivir que todos necesitamos, mejorando además nuestra disposición para plantearnos nuevas y más estimulantes metas, aprovechar o crear nuevas y más interesantes oportunidades, y así alcanzar nuevos y más valiosos logros.

Y debes saber que todo sucede de manera natural. Tomando conciencia a menudo de lo bueno de las pequeñas cosas, disfrutando de ellas, enfrentando las dificultades con actitudes positivas y visualizando el futuro, pese a todo, desde el optimismo y con la firme creencia en nuestras propias capacidades, conseguiremos mantener siempre altos nuestros niveles de producción de endorfinas, las llamadas “hormonas de la felicidad”, que aumentan nuestra sensación de alegría y disminuyen el dolor. Unas hormonas que actúan a la vez como analgésico y como revitalizante natural. Esta es la explicación científica de la felicidad.

Cada día podríamos tener mil motivos para ser tremendamente infelices, pero probablemente tenemos otros tantos para ser tremendamente felices. Pongamos en ellos nuestra mente y nuestro corazón. Centrémonos en ellos, porque están ahí para nosotros, como el aire que respiramos.

Disfrutar de una comida especial, bailar al son de nuestra canción favorita, recordar aquel momento tan divertido, hacer ejercicio de manera regular, relativizar ese problema que parece traernos de cabeza, sonreír habitualmente, ser respetuoso, generoso y agradecido, saber perdonar, tener buen humor e ilusión por la vida y olvidar aquello que nos hizo daño en el pasado para vivir y disfrutar del presente y proyectarnos con ilusión hacia el futuro, son cosas que están a nuestro alcance.

Generar pensamientos positivos, provoca sentimientos positivos y acciones acertadas. Estimulemos a cada momento consciente y adecuadamente nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma y nos sentiremos mejor.

Incrementar nuestra cuenta corriente en el “banco de la felicidad”, es posible, es fácil, depende de nosotros mismo porque “la felicidad es la suma de pequeños momentos felices”, o “la suma de pequeñas alegrías” o dicho de un tercer modo, uno puede “ser feliz”, en la medida en que regularmente haga por “sentirse feliz”.

¿Aceptas el desafío?.

 

Ignacio Bernabé

Founder & President of The Growth Management® Science

www.ignaciobernabe.com

 

 

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